ordenadoPara el presbiterio diocesano, tener un nuevo sacerdote es un gran regalo de Dios. Para ese hermano presbítero representa, en mucho, una vida y un horizonte nuevos. Ellos están dando pasos para integrarse en su familia - presbiterio y en la pastoral de la diócesis. Para todos nosotros, él es un hermano, con quien tenemos en común la vida cristiana, la caridad pastoral, la íntima fraternidad sacerdotal y el ministerio pastoral. Es un triple hermano nuestro.

¿Eres amigo de los jóvenes sacerdotes? Acercándonos a ellos, conocemos sus valores, sus necesidades y sus posibilidades de aportar mucho en el presbiterio. Superamos distancias de edades y de otras diferencias y damos pasos para vivir con ellos la comunión y ayuda fraternas. Pondremos en práctica lo que nos pide el Concilio: “Cada uno de los presbíteros se une, pues, con sus hermanos por el vínculo de la caridad, de la oración y de la total cooperación, y de esta forma se manifiesta la unidad con que Cristo quiso que fueran consumados para que conozca el mundo que el Hijo fue enviado por el Padre. Por lo cual, los que son de edad avanzada reciban a los jóvenes como verdaderos hermanos, ayúdenles en las primeras empresas y labores del ministerio, esfuércense en comprender su mentalidad, aunque difiera de la propia, y miren con benevolencia sus iniciativas. Los jóvenes, a su vez, respeten la edad y la experiencia de los mayores, pídanles consejo sobre los problemas que se refieren a la cura de las almas y colaboren gustosos” (PO,8).

Ellos necesitan que los queramos y los apoyemos. Necesitan aprender y superar dificultades personales y pastorales. Nosotros, apreciando sus valores y comprendiendo sus necesidades, nos movemos a acompañarlos en su fidelidad y renovación continuas, en su camino de crecimiento integral. Con nuestras palabras y servicios, con el compartir nuestro pan y experiencias y con la oración, podemos ayudarlos a ser muy buenos pastores. Vale la pena hacerlo. Conversemos con otros sacerdotes sobre lo que podemos hacer por estos jóvenes sacerdotes y animémonos a servirlos con entusiasmo y fraternidad.

Julio