El trabajo no disminuye, el tiempo no se alarga, el corazón sigue latiendo y la vida sigue adelante con necesidades antiguas y nuevas. A muchos nos ha pasado que, al principio del ministerio, deseábamos descansar del estudio, nos llenamos de trabajo, fuimos sintiendo que con lo que sabíamos ya era suficiente y, en los años siguientes, tuvimos menos ganas o pocas oportunidades para actualizarnos y renovarnos intelectualmente. 
Ahora sentimos que el ambiente es más exigente de sabiduría, que tenemos que dialogar con personas que piensan muy distinto, y que hay varios campos en los que necesitamos prepararnos. No importa la edad, ni las dificultades. Es una gracia de Dios volver a tener ganas de estudiar y ganas de prepararnos para esta nueva evangelización que requiere de pastores que piensen como Jesús, sientan como Él, vivan como Él y sirvan como Él. Lo podemos conseguir con una educación permanente que nos permita conseguir los conocimientos necesarios, renovar nuestras actitudes y opciones vitales, tener la mentalidad y el estilo de vida de Jesús. 
Con la luz y la fuerza de su Espíritu, podremos recuperar el camino y renovar nuestra mente, actitudes y vida. Para ello, primero que todo, necesitamos comprometernos a dar pasos personales que nos permitan crecer en sabiduría.  Con la ayuda de Dios, sí puedo recuperar mi estudio personal diario; sí puedo compartir más experiencias y reflexión con otros hermanos; sí puedo volver a utilizar las capacidades que Dios me dió; sí pueda aprovechar mejor los servicios de actualización, renovación y especialización, disponibles en mi diócesis o en el País. Sí puedo ser un pastor sabio, con la ayuda de Dios.

Julio