lecturabiblia2Hemos estado compartiendo sobre cómo ejercer el ministerio de la Palabra, de tal manera que nos sirva para edificar y para edificarnos personalmente como pastores santos. Por eso, en los boletines anteriores, hemos considerado el kerygma, la catequesis y la homilía, como formas privilegiadas. Ahora, consideramos otras formas de edificación con la Palabra.

El desafío es a ser, en cada servicio profético, como el hombre sabio, que edifica su casa sobre roca, escuchando y poniendo en práctica las palabras de Jesús (Cf. Mt 21 – 28). Eso lo podemos realizar en varias formas: En las conversaciones con otras personas, para que solo salgan de nuestra boca palabras que edifiquen (Cf. Ef 4, 29 - 32). En la manera de encontrarnos con los demás, mostrando en nuestra propia vida la persona y obra de Jesús (testimonio evangelizador). En la manera de sembrar la Palabra de Dios en reuniones, encuentros y otras actividades comunitarias. En el compartir con otros el discipulado con la Palabra: escuchándola, meditándola, orándola, viviéndola y anunciándola. En el ayudar a discernir y dar un buen consejo, desde la Palabra, a quien nos pide orientación espiritual.

La Iglesia nos recuerda la forma sencilla y práctica para edificar y edificarnos con la Palabra: “Por ser ministros de la palabra de Dios, leen y escuchan diariamente la palabra divina que deben enseñar a otros; y si al mismo tiempo procuran recibirla en sí mismos, irán haciéndose discípulos del Señor cada vez más perfectos, según las palabras del apóstol Pablo a Timoteo: "Esta sea tu ocupación, éste tu estudio: de manera que tu aprovechamiento sea a todos manifiesto. Vela sobre ti, atiende a la enseñanza: insiste en ella. Haciéndolo así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan" (1 Tim., 4, 15-16) … Teniendo presente que es el Señor quien abre los corazones y que la excelencia no procede de ellos mismos, sino del poder de Dios, en el momento de proclamar la palabra se unirán más íntimamente a Cristo Maestro y se dejarán guiar por su Espíritu. Así, uniéndose con Cristo, participan de la caridad de Dios, cuyo misterio, oculto desde los siglos, ha sido revelado en Cristo.

El fruto, entonces, de esta manera de servir la Palabra es maravilloso. Servir bien la Palabra de Dios en esas diversas actividades: Nos acerca y nos une a Jesús, que va siendo, cada vez más, nuestro Maestro interior y exterior. Nos alimenta con la sabiduría y aviva nuestra caridad de buenos pastores. Nos configura con Cristo Maestro.

Ayudémonos a edificar nuestra casa con este maravilloso ministerio de la Palabra. Compartamos con otros hermanos las experiencias en este campo.

¡Hagámoslo!

Julio