otrosTodos estamos llamados a ser buenos discípulos, para ser buenos pastores. Los Apóstoles aprendieron de Jesús a hacer un discipulado con pasos definidos: recibir bien lo que Jesús les daba, asimilarlo en su vida, vivirlo en comunidad, proyectarlo en el servicio a los otros hermanos de la comunidad y ayudarles a ellos a comprometerse como misioneros de Jesús.

Esos pasos de discipulado se pueden hacer cuando nos encontramos con otros hermanos. El discipulado necesariamente se hace en comunión y desde la comunión. Podemos hacer el discipulado en la comunión y ayuda fraterna en nuestro encuentro con el Obispo, con los otros presbíteros, en el servicio hacia los cohermanos más necesitados, en los encuentros y en las amistades sacerdotales, en la pequeña comunidad sacerdotal, en la Vicaría foránea, en el presbiterio diocesano y en los múltiples encuentros con los fieles laicos.

En cada uno de esos encuentros, desde nuestra comunión con Dios, con fe y caridad pastoral, podemos dar pasos para apreciar esa otra persona, discernir por qué y para qué nos encontramos con ella; la reconocemos como amada de Dios y hermana nuestra, damos gracias a Dios por ella, la apreciamos y con ella vivimos la comunión y ayuda fraternas; recibimos y aprovechamos el aporte que Dios nos da a través de ella: enseñanza, consejo, amor, servicio, bienes, interpelaciones, etc. La otra persona se convierte en puente y mediación para que nos llegue el don de Dios y para amar en ella a Dios. El otro es mi hermano, me pertenece y yo le pertenezco. Son los pasos que nos enseña a hacer la espiritualidad de comunión (Cf. NMI, 43). Así, nos queda una experiencia y unos grandes aportes para nuestro crecimiento personal.

Ciertamente, la comunión y ayuda fraternas (Cf. PO, 8) nos une más a Cristo, que nos espera en el hermano; nos alimenta con los dones que él nos da a través de ellos; nos hace madurar en la caridad; y nos ayuda al cumplimiento fiel y fructuoso del ministerio. Además, en este proceso resultamos no solo recibiendo del otro, sino dando nosotros mismos el don de Dios al hermano.

La comunión fraterna es espacio privilegiado y medio eficaz para el discipulado y la misión pastoral. Todo esto nos anima a abrirnos a recibir del hermano y a compartirle de lo que Dios nos ha dado. Dialoguemos con otros hermanos sacerdotes sobre este bello camino comunitario para crecer integralmente como discípulos y pastores. Que tengas muchos frutos en ese encuentro.

Julio