¿Conoces alguien del presbiterio que sienta cansancio físico, debilitamiento emocional, sensación de incapacidad, de poca eficacidad, monotonía, desgano? Son varias las causas de ese cansancio. El Papa Francisco dice que la causa de la “acedia pastoral” de los sacerdotes “no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio felíz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado.” (EG, 82).  El cansancio de muchos de nosotros es fruto, en parte, de la excesiva dispersión en las crecientes actividades pastorales y, en parte, de otras dificultades en el ministerio (Cf. PDV, 3; DMVP2, 101).  
Por eso, tenemos que darnos la mano y ayudarnos. Ante el cansancio de algunos hermanos, en la pastoral presbiteral diocesana tendremos que: ayudarles con servicios personalizados a restablecer la salud física y síquica; ofrecerles elementos educativos y organizativos con los que ellos mantengan el equilibrio entre su vida y el trabajo; promover condiciones de bienestar integral que favorezcan la vida y el ministerio de estos presbíteros; promover una adecuada distribución y organización pastoral de los presbíteros.
La pastoral presbiteral diocesana ha de tener organizado un servicio “curativo” específico para atender de manera integral, oportuna y diferenciada la situación de cada uno de los presbíteros cansados.
Tendremos que aplicar, además, un sistema “preventivo” que comprende: ofrecer apoyos educativos a los presbíteros para que organicen y efectivamente tomen su descanso diario, semanal, mensual y anual; promover en el presbiterio y en las vicarías foráneas espacios comunitarios de descanso y recreación para los presbíteros; promover y animar comunidades sacerdotales de comunión y ayuda, en donde los presbíteros cansados encuentren afecto fraterno y apoyo efectivo; adecuar la organización diocesana y la distribución diocesana de cargas pastorales para que los presbíteros asuman solo las responsabilidades adecuadas a sus capacidades y posibilidades; acompañar y ayudar a los presbíteros a que disciernan y asuman prioridades en la organización de su trabajo pastoral.
Podemos ayudarnos a tiempo. Hagámoslo.

Julio