recibirTodos los pastores necesitamos apoyos para nuestra vida y para nuestro ministerio. Unos reconocen su necesidad, otros se sienten que saben mucho y pueden mucho, por lo cual se cierran a recibir de lo demás. ¿De quién te gusta recibir apoyos y servicios?

Hay quienes prefieren recibir servicios de su familia, de sus amigos y de su comunidad parroquial; otros los quieren recibir en su pequeña comunidad sacerdotal de vida y ayuda. Muchos esperan recibirlos de su vicaría (o arciprestazgo), o del presbiterio.

Dios quiere que crezcamos integralmente, que vivamos en plenitud y que alcancemos nuestra realización personal. En su Iglesia, cada uno de nosotros está en relación con esas personas y comunidades y formamos con los otros hermanos un organismo, en donde tenemos nuestro propio puesto e importancia (Cf. I Cor 12, 12 - 30).  Cada parte recibe elementos vitales tanto de los más cercanos como de todo el cuerpo. Así mismo, sucede entre nosotros los pastores.

Dios nos ayuda a través de las personas y comunidades que pone en nuestro camino. Los buenos hermanos y amigos son un regalo de Dios para nosotros. La pequeña comunidad de vida y ayuda puede ofrecernos un ambiente y unos portes personalizados para nuestro progreso; nuestra vicaría (o arciprestazgo) está para movernos a compartir integralmente y para apoyarnos en la realización eficiente de nuestro ministerio; el presbiterio diocesano es nuestra familia, la familia de los pastores, de la que podemos recibir los principales apoyos para mi vida y ministerio. 

Podemos abrirnos a recibir mucho más de Dios y de todos. Podemos recibir apoyos y servicios, entonces, del nivel diocesano, de nuestra comunidad sacerdotal más cercana y de los hermanos, amigos y familiares. Podemos recibir su aporte y, sobre todo, lo que Dios quiera darnos a través de ellos. Son un regalo de Dios para nosotros. Un regalo, apoyo y servicio que agradecemos, apreciamos y aprovechamos. Un regalo que nos abrimos a recibir bien, aún del que menos esperamos. Recibámoslo.

Julio