serEs más fácil recibir que dar. Pero, así como todos tenemos derecho a recibir apoyo en nuestra vida y ministerio, así cada uno hemos de servir a otros hermanos sacerdotes que necesitan ayuda.

¿En tu presbiterio hay sacerdotes de esos a los que se les acercan muchos a pedir un consejo, o un servicio? ¿Sacerdotes que no esperan que les pidan el favor, sino que toman la iniciativa de hacerlo apenas se dan cuenta de la necesidad que tiene el hermano? Ojalá, tú y yo seamos uno de ellos. Este servicio a los sacerdotes es tarea tuya, mía y de todos. La pastoral presbiteral ha de serparticipativaporque enla Iglesia y desde ella, todos y cada uno de los presbíteros están llamados y enviados a “lavar los pies” a los hermanos, a ser sus servidores. ¿Verdad?

No es fácil motivarse y comprometerse a hacerlo. Nos decidimos a hacerlo al comprender que lo hacemos por tres motivos: para corresponder al amor de Dios, para cumplir parte de nuestro ministerio con ese servicio a los sacerdotes y para lograr nuestro propio crecimiento integral. Son motivos reales y fuertes. Es el derecho – deber de participar, individual y comunitariamente, para aportar lo que nos corresponda y para aprovechar los aportes que los demás hermanos nos ofrezcan.

En la medida en que nos acerquemos más a Jesús, Él nos ayudará a salir y a servir a nuestros hermanos. Ahí está el vecino, o el amigo, o el compañero de trabajo, o el otro hermano que nunca nos pedirá ayuda, pero que la necesita para seguir progresando, o para superar dificultades que se le presentan. Tomemos la iniciativa, sin pensar si se lo merece. Dios es el que nos ha amado hasta el extremo y espera que le correspondamos lavando los pies a los hermanos sacerdotes, con Él, como Él y por Él.

¿Ya lo haces? Felicitaciones. Otros hermanos te esperan. Vayamos.

Julio