¿Quién sabe vivir? Comprender la realidad que estamos viviendo es ya bastante. Ser capaces de dar buena respuesta a los interrogantes que nos plantean las personas, es mucho más. Comprender el por qué y el para qué de las cosas, es casi todo. Saber lo necesario y vivirlo, es lo máximo. ¿Verdad?
Para un buen número de hermanos esto no es tan fácil, porque desde hace años fueron dejando el estudio personal y tienen bastante debilitada su oración. Pero es posible y necesario recuperarse.

La Iglesia nos muestra un camino sencillo, que no busca títulos académicos, ni nos sumerge en libros y tareas. Para vivir y obrar con la verdadera sabiduría, la Iglesia nos recomienda contemplar el rostro de Jesucristo (Cf PDV, 72), configurarnos con su persona, su vida y su obra, dar testimonio de Él con nuestras palabras, nuestra vida y nuestros servicios. 
Para conseguir esa sabiduría, tendremos que realizar tres cosas decisivas: recuperar nuestro estudio personal, fortalecer nuestro discipulado misionero y trabajar más por nuestra renovación intelectual, especialmente en el campo teológico. Jesús mismo nos ayudará vivir con sabiduría. Unámonos con otros hermanos sacerdotes para dar estos pasos y para saber vivir.

 Julio