¿Cómo puedo aprovechar mejor los servicios de los demás hermanos? ¿Cómo servir mejor a mis hermanos presbíteros? La comunión con Jesús y con los hermanos presbíteros se vive en el presbiterio diocesano, en las vicarías foráneas, en las pequeñas comunidades sacerdotales y en la vida de cada presbítero.  Pero es, principalmente, en comunidad en donde recibimos los dones de Dios y los servicios de la pastoral presbiteral; y, desde la comunidad, hacemos nuestros aportes en favor de los demás hermanos.  ¿En cuáles espacios y niveles hemos de servir a los hermanos presbíteros? Es como en un organismo: todos los órganos contribuyen a la vida y al crecimiento de todos. La pastoral presbiteral diocesana la realizamos en tres niveles eclesiales: con el presbiterio diocesano; en nivel intermedio, con la vicaría foránea o arciprestazgo, con los grupos sacerdotales, las comunidades sacerdotales de vida y ayuda y las Asociaciones sacerdotales; y con cada presbítero en su realidad individual.  En cada uno de estos niveles nos conviene realizar el servicio a los presbíteros de manera orgánica, es decir, ayudando a que cada presbítero o comunidad presbiteral ocupe su puesto y realice su aporte a la vida y al crecimiento de los hermanos y de todo el presbiterio.

El presbiterio realiza los servicios de pastoral presbiteral que le corresponden en favor de todos sus miembros (principio de solidaridad); lo mismo, la vicaría y las comunidades sacerdotales, han de trabajar por el crecimiento integral de ellas mismas; y cada presbítero está llamado a realizar lo que le corresponde en favor de su propio crecimiento.

Por otra parte, el presbiterio, las vicarías, las pequeñas comunidades sacerdotales y cada presbítero, están llamados a integrar su vida y sus servicios con los de los otros niveles (principio de subsidiaridad). Los presbíteros individualmente participan de los servicios que se les ofrecen desde el presbiterio diocesano y desde la vicaría foránea, desde la comunidad o grupo sacerdotal; y dan los aportes que les corresponden para el crecimiento personal y comunitario (principio de participación).
Así, cada uno y todos, servimos como partes del presbiterio y recibimos servicios de los demás para el crecimiento personal, el de todo el presbiterio y el de nuestras comunidades. Así, todos servimos a todos, con solidaridad, subsidiaridad y participación. ¡Sigamos unidos todos para todos!

Julio