Es maravilloso cuando los sacerdotes jóvenes y los sacerdotes mayores se comprenden y se complementan. Es terrible cuando, por el contrario, se generan conflictos a causa de la edad y resulta yéndose cada uno por su lado. ¿Verdad?

La edad cuenta mucho en los hermanos del presbiterio. En cada edad se tienen valores, necesidades especiales y posibilidades especiales. ¿Cuáles son los tuyos?  Ojalá, logres vivir cada día mejor la comunión y ayuda fraternas con los sacerdotes de otras edades.

Con los de tu edad, conviene dar unos pasos especiales. En todas las edades necesitamos acompañamiento y ayuda adecuados a nuestra realidad personal. Como nos indica la Pastores Dabo Vobis: “La formación permanente, precisamente porque es «permanente», debe acompañar a los sacerdotes siempre, esto es, en cualquier período y situación de su vida, así como en los diversos cargos de responsabilidad eclesial que se les confíen; todo ello, teniendo en cuenta, naturalmente, las posibilidades y características propias de la edad, condiciones de vida y tareas encomendadas.” (PDV, 76; Cf. DMVP2, 99).

Aún en un presbiterio pequeño, se podrán diferenciar, por lo menos, el grupo del primer quinquenio, el grupo de los presbíteros de edad intermedia; el grupo de los presbíteros mayores; y el grupo de los presbíteros ancianos (Cf. PDV 76 y 77). La agrupación de los presbíteros por edades se hace atendiendo a varios criterios: la edad similar de ordenación; que la cantidad de miembros facilite el encuentro periódico y la ayuda fraterna entre ellos; y los lazos de amistad y cercanía entre ellos, lo cual se aprecia y se aprovecha para que los presbíteros compartan integralmente. 

En el encuentro semestral de cada grupo se comparten vivencias y experiencias, se trata algún tema formativo y se proyecta la ayuda recíproca que ellos se van a seguir proporcionando. Por eso, conviene que se pase de tener un encuentro a formar una pequeña comunidad sacerdotal, en la que se mantenga la comunión y la ayuda fraterna. Así, nos ayudamos a vivir bien esta época de nuestra vida y todas las demás. Nos lo merecemos y Dios nos ayuda. 

Julio