El corazón es muy importante en el hogar y en nosotros mismos. Él ha de mantener la vida, irrigar y hacer crecer. Eso está llamado a hacer el Seminario. Por eso es el corazón de la diócesis y el corazón de la pastoral presbiteral.
Esa tarea la de cumplir, en parte, con los seminaristas y en parte con los presbíteros. Como indica la Iglesia: “Desde el Seminario mayor es preciso preparar la futura formación permanente y fomentar el ánimo y el deseo de los futuros presbíteros en relación con ella, demostrando su necesidad, ventajas y espíritu, y asegurando las condiciones de su realización” (PDV, 71). Así, el Seminario realiza un servicio decisivo: prepara a los seminaristas para insertarse en la vida de presbiterio y para que inicien bien su ministerio.
La tarea del Seminario no acaba con la ordenación de sus seminaristas. El Seminario está llamado a trabajar por los presbíteros, colaborando en los programas de la pastoral presbiteral diocesana. En ella, será muy valioso su aporte en la formación sacerdotal permanente, en la dirección espiritual y en el fomento de la fraternidad. Los seminaristas mismos podrán colaborar con su oración, afecto y servicio. El Seminario podrá, además, colaborar con sus instalaciones, su biblioteca y otros servicios.   
La base de esta colaboración estará en que los presbíteros queramos más el Seminario y en que el Seminario se entregue más a ser hogar y corazón para todos ellos. Ayudemos para que esta comunión y ayuda fraterna crezca continuamente, para bien de todos.

Julio