Gracias a Dios, en nuestro presbiterio tenemos algunos presbíteros que está comenzando su vida y ministerio sacerdotal. ¿Cuántos son? Quiénes son? ¿Qué necesidades particulares tienen? ¿Qué podemos hacer por ellos? La Iglesia indica que es más que nunca oportuno —e incluso necesario hoy— crear una adecuada estructura de apoyo, con guías y maestros apropiados, en la que ellos puedan encontrar, de manera orgánica y continua, las ayudas necesarias para comenzar bien su ministerio sacerdotal (PDV, 76). Por otra parte, indica realizar adecuadamente el “Año pastoral”, para el primer año y los Encuentros formativos para los siguientes cuatro años. Pide conformar un Equipo que se responsabilice de la pastoral presbiteral con los presbíteros jóvenes y trabaje, para ello, en plena comunión con el Obispo y con los demás servidores del clero, en coordinación con el Seminario y con los otros agentes de pastoral. Pide ayudar a que el primer nombramiento o asignación pastoral del joven presbítero sea con un buen párroco, capaz de acompañarlo y bien dispuesto a ayudarlo.

¿Por qué tanta urgencia? Por las necesidades de esos presbíteros y por las problemáticas que se están presentando cuando no se hace lo indicado. Ciertamente, estos presbíteros jóvenes necesitan: Acompañamiento y ayuda para realizar sus ideales y para canalizar bien su entusiasmo, creatividad y demás valores; Acogida fraterna, acompañamiento y apoyo en su proceso de maduración y ayuda para identificarse progresivamente como joven con su presbiterado; Ayuda para continuar su formación; Apoyo para avivar continuamente el don recibido en el sacramento del orden y para comenzar bien su servicio ministerial; Comprensión y apoyo para superar las dificultades iniciales de su vida y ministerio.

Por eso, se ha de servirlos con integralidad, con un acompañamiento y ayuda en sus cuatro dimensiones (Cf. PDV, 76) humana, espiritual, intelectual y pastoral. El presbítero joven participa en el programa específico que se le ofrece para estos primeros años y participa, también, en los demás servicios de la pastoral presbiteral diocesana.  Ayudemos a realizar este servicio necesario y prioritario (Cf. DMVP2, 111). Ayudémosle a cada uno a asumir esta responsabilidad como primer agente de su crecimiento integral.  Nosotros le aportaremos lo que nos sea posible para que, desde el principio, sea un pastor santo. Encontrémonos con alguno de ellos esta semana y ofrezcámosle nuestro apoyo fraterno.

Julio