Depende de cómo se comience, así se sigue, es el refrán que todos repetimos. ¿Cómo comenzamos nuestra vida sacerdotal? ¿Cómo la están comenzando los neo – presbíteros en nuestra Diócesis? La Iglesia ha recomendado continuamente, desde el Concilio Vaticano II, que en el año sucesivo a la ordenación presbiteral o a la diaconal, sea programado un año llamado pastoral, que se propone facilitar el paso de la indispensable vida propia del Seminario al ejercicio del sagrado ministerio, procediendo gradualmente, facilitando una progresiva y armónica maduración humana y específicamente sacerdotal (Cf. DMVP2, 100; Cf PO 19; OTE 22).  
La realidad es que en algunas Diócesis existen dificultades prácticas —escasez de sacerdotes, mucho trabajo pastoral, etc. Pero, sobre todo, en muchas falta llegar a la convicción y a la opción para realizar este Año Pastoral, teniendo en cuenta que en cualquier caso resulta de gran importancia para la formación y la perseverancia en el ministerio de los jóvenes sacerdotes (DMVP2, 100).
Cada uno de nosotros podría ayudar a que se den pasos sencillos para la organización y fortalecimiento de este Año Pastoral. Un primer paso será ayudar a que la primera destinación, no obstante las frecuentemente graves urgencias pastorales, responda, sobre todo, a la exigencia de encaminar correctamente a los jóvenes presbíteros; evitar que los nuevos ordenados sean colocados en situaciones excesivamente gravosas o delicadas, o en destinos en los cuales lleven a cabo su ministerio lejos de sus hermanos; también, es muy importante favorecer alguna oportuna forma de vida en común, o de encuentros frecuentes y prolongados , que facilite el diálogo con el Obispo, la oración en común, el intercambio de experiencias y la animación recíproca (Cf. DMVP2, 100). En lo que se refiere a la parte intelectual, este año no deberá ser tanto un período de aprendizaje de nuevas materias, sino más bien de profunda asimilación e interiorización de lo que se ha estudiado en los cursos institucionales.   En este contexto, podrán oportunamente estructurarse lecciones y Seminarios de praxis pastoral, conforme a las necesidades de ellos. En definitiva, la tarea de síntesis debe constituir el camino por el que transcurre el año pastoral. Cada elemento debe corresponder al proyecto fundamental de maduración de la vida espiritual. 
El éxito del año pastoral está siempre condicionado por el empeño personal del mismo interesado, que debe tender cada día a la santidad. Dependerá, también, de que cada uno. Acerquémonos más a estos queridos jóvenes, acompañémoslos y ayudémoslos continuamente.

Julio