buenpastor2Llenándonos del amor de Dios y amándolo, como hemos reflexionado en las semanas anteriores, siempre vamos a dar el paso de amar a nuestro hermano, con el amor de Dios. No es fácil, pero siempre es posible con la ayuda de Dios. Mejora mi amor dejando que sea Dios, buen samaritano, buen pastor, el mejor amigo, quien ame a los hermanos a través de mí. ¿Verdad?

Nos lo sabemos de memoria y cada rato lo predicamos: lo que más quiere Dios es que lo amemos con todo y que nos amemos unos a otros. Cuando Él explica este mandamiento nos indica varias cosas:

El por qué amar al hermano: porque Dios me ama, porque Dios lo ama y porque él es mi hermano.

La medida de ese amor a mi hermano: amarlo como nos amamos a nosotros mismos y como Dios nos ama.

Con cuál amor hemos de amarlo: no solo con un amor humano, sino con el amor de Dios, dejando que sea Dios mismo quien lo ame, a través de nosotros.

Para qué hemos de amar al hermano: para amar a Dios, para que Dios nos ame y para que el mundo crea en Jesucristo y en su Evangelio.

Dios nos ama y nos ayuda a amar más y mejor a nuestro obispo, a cada uno de los hermanos del presbiterio y a todos los hermanos con quienes compartimos la vida y el trabajo pastoral.

Esta semana, dediquemos un rato a conversar con Jesús sobre este camino y dejemos que Él ame, a través de nosotros, a un hermano del presbiterio a quien nos cueste mucho apreciar y servir. Hagámoslo.

Julio