hermanosEs claro que uno puede hacer buen discipulado con la Palabra de Dios, con los Sacramentos y con cada acción ministerial. ¡Es posible y útil hacer ese discipulado con cada criatura? Con ayuda de los elementos que nos indica la encíclica Laudato Si, podemos dar pasos de discipulado con un árbol, con el agua, con el sol, con el aire, con una piedra, con las aves y con todas las criaturas.

El paso fundamental de este discipulado es el de apreciar que las criaturas: son obra y propiedad de Dios; son lugar de la presencia de Dios; son realidades que tienen valor en sí mismas, no solo por su utilidad para el hombre.; son reflejo del amor y sabiduría de Dios; manifiestan alguna enseñanza de Dios (LS, 85); ellas son, además, una continua revela­ción de lo divino (LS, 85); son camino para alabar a su Creador; están puestas para el bien de la humanidad y para lograr su plenitud en Dios; van con nosotros, y a través de nosotros, hacia su plenitud en Dios; la creación es un libro abierto escrito por Dios (Cf. LS, 85). Ante la creación, la tarea del hombre es “labrar y cuidar” la tierra con una reciprocidad responsable entre él y la naturaleza.

Los pasos siguientes de discipulado son los de renovar nuestro estilo de vida: Pasar de mero consumidor, dominador o explotador de los recursos, a ser hermano que cuida con sobriedad de la hermana y madre naturaleza. Utilizar responsablemente los recursos naturales, reutilizarlos y reciclarlos. Pasar del consumo al sacrificio: de la avidez a la generosidad; del desperdicio al compartir.

Otros pasos de discipulado cristiano son el promover y vivir la “cultura ecológica integral” que respete las leyes y la autonomía de la naturaleza; trabaje por la implantación de una mayor justicia social en tierras, trabajo, bienes, para la comunidad humana; cuide la flora y la fauna existente. Que impulse a regar, limpiar, cuidar, sembrar periódicamente plantas y árboles. Que comprometa a no utilizar gases perjudiciales, ni envases de vidrio o plástico; que lleve compartir con los más necesitados; que lleve a educar y promover el cuidado de la creación, como parte de la evangelización. Hemos de trabajar para solucionar la contaminación de gases que generan el calentamiento global y otras consecuencias; controlar residuos y basura, disminuyendo el consumo; detener la desforestación y trabajar por el fortalecimiento de las especies; racionalizar el manejo del agua con justicia para todos, etc. Nos corresponde promover una cultura y liderazgos en favor del cuidado responsable de la naturaleza y de la justicia social.

La naturaleza es nuestra madre y nuestra hermana. Somos parte de una comunión universal, una familia con todas las criaturas. Con cada criatura y con toda la creación, podemos hacer discipulado: aprender y crecer. recibir especiales bendiciones y aportar a la obra de Dios.

Miremos por la ventana y contemplemos con un corazón y ojos nuevos cada una de las criaturas. Compartamos con otros hermanos este camino de discipulado. ¡Hagámoslo!

Julio