espera¿Cómo te sientes? En el presbiterio hay hermanos sencillos, serenos, positivos, serviciales, que siempre se sienten bien y hacen sentir bien a los demás. Otros sienten el frío de la indiferencia y de la poca valoración hacia su persona. ¿Por qué? En mucho, depende de uno mismo el cómo lo traten, el cuánto lo aprecien y el cuánto compartan con nosotros. ¿Verdad?

Cómo me siento depende, también, del progreso que esté teniendo.

ü  Por ello, me siento bien si tengo buena salud física y sicológica, descanso, suficientes recursos y buenas amistades. Si voy consiguiendo ser un sacerdote “maduro”.

ü  Me siento bien si me voy llenando de los dones de Dios y voy correspondiendo bien a su amor. Si se va fortaleciendo mi amistad con Dios y creciendo mi fe, esperanza y caridad. Si voy logrando ser un sacerdote “santo”.

ü  Me siento bien si estudio y reflexiono cada día para actualizarme, renovarme y cultivar los dones especiales que Dios me ha dado. O sea, cuando voy logrando ser un sacerdote “sabio”.

ü  Me siento bien cuando mantengo el equilibrio entre mi vida interior y mi servicio ministerial y cuando se aviva mi caridad pastoral. Cuando logro realizar lo que Dios quiere de mí, estableciendo prioridades y dando mi vida en el servicio a mis hermanos. Es decir, cuando voy siendo un sacerdote “buen pastor”.

ü  Lo que nos hace sentir bien y felices es todo lo que nos ayuda a ser sacerdotes maduros, santos, sabios y buenos pastores.

 

En estos días, revisemos nuestro proyecto personal de vida para apreciar los elementos que nos están ayudando y para asumir los que nos hagan falta. Dios quiere que nos sintamos bien, que seamos felices. Compartámoselo a algún hermano desanimado.

Julio