papafranciscoTe han dado las gracias por lo que eres, por lo que vives y por lo que haces como sacerdote? Seguramente, pocas veces. Pero, esta vez, en nombre de Dios y de la Iglesia, sí nos llega una carta personal que hace todo eso y mucho más.  Como hermano mayor y padre, el Santo Padre nos escribe a todos y a cada uno de nosotros sacerdotes, para agradecernos y para animarnos, en medio de las dificultades de la Iglesia y de las que cada uno pasa.

Nos da gracias a los sacerdotes por varias cosas: gracias por vuestra fidelidad a los compromisos contraídos. Gracias por la alegría con la que han sabido entregar sus vidas. Gracias por buscar fortalecer los vínculos de fraternidad y amistad en el presbiterio y con vuestro obispo. Gracias por el testimonio de perseverancia y “aguante” en la entrega pastoral. Gracias por celebrar diariamente la Eucaristía y apacentar con misericordia en el sacramento de la reconciliación. Gracias por ungir y anunciar a todos, con ardor, “a tiempo y a destiempo” el Evangelio de Jesucristo (cf. 2 Tm 4,2). Gracias por las veces en que, dejándose conmover en las entrañas, han acogido a los caídos, curado sus heridas, dando calor a sus corazones, mostrando ternura y compasión como el samaritano de la parábola (cf. Lc 10,25-37). Gracias demos, también por la santidad del Pueblo fiel de Dios que somos invitados a apacentar y, a través del cual, el Señor también nos apacienta y cuida. 

Nos indica que para mantener animado el corazón es necesario no descuidar estas dos vinculaciones constitutivas de nuestra identidad: la primera, con Jesús. En este sentido, dice, quisiera animarlos a no descuidar el acompañamiento espiritual, teniendo a algún hermano con quien charlar, confrontar, discutir y discernir en plena confianza y transparencia el propio camino; un hermano sapiente con quien hacer la experiencia de saberse discípulos… La otra vinculación constitutiva: acrecienten y alimenten el vínculo con vuestro pueblo. No se aíslen de su gente y de los presbiterios o comunidades. Menos aún se enclaustren en grupos cerrados y elitistas.   

Estudiemos esta carta con otros hermanos sacerdotes. Nos hará mucho bien.

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