Son hermanos muy queridos en el presbiterio diocesano, tienen de 21 a 45 años de ordenación.   Tienen mucha experiencia y méritos en diversos campos, han conseguido buenas posiciones. Son de autoridad y tienen muchos valores.

También van teniendo limitaciones en su salud, se les tiende a entrar la monotonía en la vida y en el trabajo, se desaniman ante las dificultades con la comunidad, o con los compañeros, o ante las de su propia persona. A veces, los desanima el no conseguir los frutos que desean, o tienen dudas sobre su vocación y ministerio. En compensación, en algunos surge la tendencia a ir haciendo su propio nido, a apegarse a cosas, a personas, al dinero, a proyectos. Algunos, en esta edad, viven experiencias del demonio meridiano. Se tiene el riesgo de ir buscando los propios intereses y de seguirse a sí mismo.

Son entonces, hermanos sacerdotes, con muchos valores y con algunas dificultades. Por ello, se reconoce que su edad es una edad para “renacer”, para centrarse en Dios, para recibir más su ayuda Es exagerado decir que, también, es la edad para hacer la “segunda conversión”?. Con algunos de esos sacerdotes lo hemos compartido. Al principio cuesta reconocerlo, pero después se encuentra en ello una valiosa llamada, una esperanza en la ayuda de Dios y se nos abre un camino que estábamos añorando: hacer una segunda conversión para fortalecer las motivaciones vocacionales, para desapegarnos y ganar libertad, para renacer a una vida de pastores buenos y santos. ¿Qué opinas?

Esta semana podrías ir a dar un fraternal abrazo a alguno de esos hermanos y a ofrécele tu amistad y apoyo para todo lo que necesite. Yo también lo haré.

Julio