brazos abiertosLo mejor es decidir de acuerdo a lo que es bueno y nos conviene, de acuerdo con nuestra vocación y misión. Es lo más humano, lo que más nos favorece, lo que aprendimos a hacer desde el Seminario. ¿Verdad?

Sin embargo, dentro de las maneras de decidir, en el mundo, hoy se va haciendo más común, también entre nosotros, la forma de “me gusta, me complace”, entonces lo busco, lo compro, lo obtengo, lo disfruto. No analizo si es lo mejor y si me conviene.

Al que anda entre la miel algo se le pega, dice el refrán. Y nosotros andamos dentro de un ambiente materializado, hedonista, en donde cada uno hace lo que le gusta y se va haciendo juez para decidir lo que es bueno y verdadero. Así, fácilmente resultamos justificando comportamientos malos con falsas razones. Por ejemplo, digo: yo soy maduro, no me hace daño, esto me ayuda, me compensa. Y resulto apegado para disfrutar del placer con alguna persona, o adicto al licor para compensar emociones, o adicto a las imágenes eróticas que me dan placer, en secreto y sin castigo.

Estas experiencias comienzan por la curiosidad de experimentar placeres. Poco a poco, la persona se debilita y se siente movida a repetir las acciones o experiencias que le traen placer. El mecanismo interno que agranda la tendencia es la memoria volitiva, independiente del razonamiento o de la voluntad, que nos va haciendo sentir más apetito de placer. Y vamos quedando encadenados, debilitados, derrumbados. Usted y yo conocemos hermanos que por este camino en solo dos meses se han derrumbado. Muchos, están desesperados de su situación.

Dios no nos falla a pesar de nuestras infidelidades. Nos ayuda más cuando necesitamos más. Por eso, fuera de las ayudas sicológicas y profesionales que aprovechemos para liberarnos, está Dios quien directamente hace la mayor y la mejor obra de liberación.

De manera plenamente confiada, vale la pena hacer con Dios cuatro pasos de liberación:

  1. Darle gracias, por todo lo que nos ama y por lo que Él quiere ayudarnos;
  2. Pedirle que nos purifique la mente, el corazón, la vida, de todo lo impuro y de lo que nos causa mal;
  3. Pedirle que nos fortalezca para aprovechar lo positivo que hay en nosotros, Sus dones;
  4. Abrir el corazón para que Dios lo vaya llenando con su amor misericordioso.

Son cuatro pasos que se hacen en 10 minutos y varias veces al día. Después de un mes, se ve el resultado purificador y fortalecedor, restaurador, de nuestra vida.

Hagamos estos cuatro pasos, varios meses, para que Dios nos fortalezca en su servicio. Pero, sobre todo, ayudemos a que otros los hagan, si están encadenados en el mundo del placer.

Compartamos con otro hermano esta reflexión y saquemos compromisos para ayudar a otros que está sufriendo mucho en esta adicción, o esclavitud.

Julio