Para Nuestro Ministerio

JESÚS SUBE AL CIELO BENDICIENDO A SUS DISCÍPULOS

Centro Bíblico Pastoral para América Latina del CELAM

Estudio Bíblico de apoyo para la Lectio Divina del Evangelio
Solemnidad de la Ascensión del Señor, Lucas 24, 46-53

jesus discipulos pentecostesSiguiendo la cronología de los Hechos de los Apóstoles (1,3), celebramos –40 días después que comenzamos a celebrar la Pascua- la gloriosa Ascensión de Jesús.

La obra de Jesús en el mundo, ha llegado a su cumbre. La obra que comenzó en el corazón del Padre, culmina nuevamente en él. El “Cielo” hacia el cual sube Jesús es el mismo Dios, que es el mundo propio de Dios. Y subido al cielo, “está sentado a la derecha del Padre”, es decir, que aún como hombre ha entrado en el mundo de Dios y ha sido constituido –como dice San Pablo en la segunda lectura- Señor y Cabeza de todas las cosas (Efesios 1,23; esta es una de las dos posibilidades para la segunda lectura de hoy).

La Ascensión de Jesús expresa entonces victoria y soberanía en el tiempo y en el espacio, porque en su subida al cielo -donde no hay espacio ni tiempo- él llena de sí mismo a todo el universo. Aquél que bajó del cielo por su encarnación e introdujo en la carne humana la gloria de la divinidad (“Hemos visto su gloria”, Juan 1,14), subiendo al cielo introduce a la humanidad en la divinidad.

En la Ascensión contemplamos el estado que Jesús ha alcanzado como lo que será la situación definitiva de la humanidad. Es así –con un gesto sin palabras- como Jesús nos indica la dirección correcta por la cual está llamada a realizarse la historia humana y también la historia de toda la creación. Nuestra meta es Cristo, constituido por su resurrección como nuestro “cielo”, el punto de convergencia a donde apuntan todos nuestros caminos. Jesús es la plenitud de la vida del universo. Jesús nos ha precedido en la morada eterna y el estado definitivo, para darnos esperanza firme de que donde está Él, cabeza y primogénito, estaremos también nosotros, sus miembros.

VER TEXTO COMPLETO