Para Nuestro Ministerio

DESPEDIDA SÍ PERO NO ABANDONO:¡NO ESTAMOS HUÉRFANOS!

PARA PREPARAR NUESTRA HOMILÍA DOMINICAL

Domingo 6 Tiempo Pascual

 

Lectio Juan 14, 23-29

“Si alguno me ama, guardará mi Palabra,
y mi Padre le amará, y vendremos a él,
y haremos morada en él.”

El discipulado es esta dinámica de amor. Si observan los mandatos de Jesús, demostrándoles así su amor, ellos siguen su ejemplo. Sólo así son verdaderos imitadores de Jesús porque así es que Él se comporta con el Padre (“Si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”, 15,10).

Esta dinámica del amor despeja el panorama de la nueva realidad que acontece al interior de la vida del discípulo de Jesús: su amor se encuentra con otro amor que lo supera, ¡y con creces! El discípulo no sólo entra en la circularidad de amor con Jesús sino también con Dios Padre: “Y el que me ame será amado de mi Padre” (14,21); “Si alguno me ama… mi Padre le amará” (14,23).

El amor de los discípulos por su Maestro es la premisa de cinco revelaciones que Jesús anuncia ahora en forma de promesa:

  1. El Padre y el Hijo vendrán a los discípulos y harán morada en ellos (14,23-24).
  2. El Espíritu Santo estará con ellos y los instruirá (14,25-26).
  3. En esta comunión con Dios les ofrecerá su paz (14,27).
  4. También les compartirá su alegría (14,28).
  5. …Para que crezcan su fe (14,29).

Los discípulos están tristes en el cenáculo porque es la hora de la despedida. Jesús les muestra que no hay motivos para estar tristes porque su partida no es abandono sino plenitud de su hora y punto de partida de una nueva forma de presencia. La partida es dolorosa, sí. Pero todo depende del punto de vista desde donde se miren las cosas. Si la miramos desde fuera, la muerte de Jesús parece una catástrofe. Pero si la miramos desde donde la ve el mismo Jesús, es distinto: quien pone en práctica las enseñanzas del Maestro, no pierde la seguridad cuando llega la hora de la muerte de Jesús, sino que es confirmado en la fe en Él, en la paz y en la alegría por su victoria.
Jesús invita a acoger esta visión de las cosas y a apropiársela. Hay que creerle a Jesús.

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