Para Nuestro Ministerio

LA COOPERACIÓN MISIONERA

 

3.    A quiénes hemos de cooperar misioneramente

Hemos de cooperar, con prioridad, a la evangelización de los no cristianos (misión ad gentes); en segundo lugar, a la evangelización de los católicos alejados (nueva evangelización), a la unidad entre todos los cristianos (ecumenismo) y a la evangelización de los buenos católicos (a la acción pastoral).

 

4.    Quiénes somos responsables de promover la cooperación misionera

Dios nos ha dado a todos el derecho y el deber de cooperar en la evangelización de todo el mundo (RMi 77). Toda la Iglesia y cada uno de los cristianos (cf. RMi 62) estamos llamados a cooperar misioneramente en la evangelización de todas las gentes (cf. Mt 28,20).
Las Iglesias particulares (cf. RMi 64) tienen una responsabilidad especial en la evangelización universal, a la cual han de contribuir en todas las formas. Los obispos (cf. RMi 63) y los párrocos en su propio nivel, han de promover la cooperación misionera de todos los fieles. En ello le colaboran, sobre todo, la dirección diocesana de misiones y los comités parroquiales de misiones.

Los misioneros e institutos misioneros (cf. RMi 65, 66), los sacerdotes diocesanos (cf. RMi 67, 68), los miembros de la vida consagrada (RMi 69, 70), los laicos (cf. RMi 71,72), los catequistas y otros ministros, tienen su propia responsabilidad de cooperar en la evangelización uni¬versal (prioritariamente, a la misión ad gentes) y están llamados a promover la cooperación misionera de otros hermanos.  

La Congregación para la Evangelización de los Pueblos es la encargada de dirigir esta cooperación en la Iglesia universal. Para ello ha instituido las Obras Misionales Pontificias como principal instrumento para infundir el espíritu misionero universal desde la infancia y para promover y canalizar la cooperación misionera en el mundo entero (cf. RMi 84). Promoviendo la cooperación misionera, estas obras ayudan a que cada uno realice los servicios misioneros que le corresponden en su comunidad local y los que le corresponden en favor de la evangelización universal, especialmente en favor de la evangelización de los no cristianos.

 

5.    Formas y medios para nuestra cooperación misionera

Jesús espera del cristiano que sea misionero con todo su corazón, con sus manos, con sus pies, con sus bienes, con todo su ser.

La cooperación misionera se realiza en diversas formas. Cada una de ellas tiene su propio camino y significado.

A cada uno de los cristianos nos corresponde, por dere¬cho y por deber cooperar espiritualmente, materialmente y con misioneros.


a) Cooperación “espiritual”

El verdadero misionero es el santo y el santo es verdade¬ro misionero (cf. RMi 90).

La cooperación espiritual: que privilegia el testimonio personal y comunitario, mediante el cual se ofrece la vida cristiana y se consagra toda la vida por las misiones, como lo hizo ejemplarmente santa Teresita del Niño Jesús.

Nuestro principal aporte a la misión universal se hace con la vida y así, en la comunión de los santos, con la ofrenda de nuestra vida acompañamos y apoyamos toda la evangelización universal. Por esta ra¬zón, la Iglesia nos propone, como medio principal, el testimonio de vida cristiana, personal y comunitaria (RMi 42). Cuando se vive fielmente y se ofrece a Dios la propia vida cristiana, se ayuda de manera efectiva a que el Reino de Dios crezca en el mundo. El testimonio de vida cristiana es un apoyo directo a los misioneros y a las misiones.

Con la oración (RMi 78) realizamos una ayuda eficaz a la misión universal. Ella nos sirve para acompañar el camino de los misioneros y ayudar a que el anuncio de la Palabra resulte eficaz por medio de la gracia divina. La oración nos une más a Jesús y a nuestros hermanos misioneros, comunicando el amor salvador de Dios. Con la oración nos unimos a las misiones, a los misioneros y a todos los hermanos del mundo para ayudarlos a que sean más amigos de Jesús. En concreto, oramos por las misiones especialmente en la Eucaristía, con la Palabra de Dios y con otras acciones, entre las cuales está el ro¬sario misionero. Lo hacemos todos los días, tomando en cuenta, especialmente, las “intenciones misionales” propuestas por la Iglesia universal.

La cooperación misionera espiritual la hacemos, también, con el sacrificio (RMi 78). Se hace al ofrecer a Dios por las misiones el sufrimiento, el esfuerzo y los sacrificios especiales; llevando nuestra propia cruz, aceptándola y ofreciéndola a Dios con amor por las misiones. Es compartir los sacrificios de los misioneros y sostenerlos mediante el ofrecimiento de nuestros propios sacrificios. Así, esos sacrificios tienen un valor salvífico, que favorece tanto a los misioneros como a los que son evangelizados. Con el sacrificio nos unimos a Jesús que da la vida por nosotros. Lo fundamental es unirnos a la cruz de Jesús y servir con generosidad, dando nuestra propia vida en servicio de los demás, cumpliendo nuestra propia misión y llevando bien nuestra propia cruz. Invitamos, especialmente, a los enfermos y a los que más sufren para que ofrezcan su dolor por las misiones.

 

b) Cooperación material

“Hay mayor felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20, 35) (cf. RMi 81).

Dios nos ha dado bienes (vida, valores, posibilidades, etc.) no para nuestro sólo bien sino para que los usemos en favor de todos los hermanos. Estamos en deuda con ese Dios que nos ama y nos ha dado mucho. Los talentos recibidos (cf. Mt 25) son para hacer que pro-duzcan abundantes frutos para el Reino de Dios. Somos administradores de ellos y de otros bienes de Dios. Es la fe la que nos mueve a compartir nuestro pan con los hermanos.

Promovemos la cooperación material, especialmente económica, para implantar la Iglesia, apoyar la evangelización y sostener las obras de caridad en las misiones: salud, educación, alimentación y, sobre todo, la misma evangelización a los hermanos (RMi 81).
Motivamos a los hermanos a dar la ofrenda económica por tres razones: 

  • Por amor a Dios: quien nos ha dado esos dones para compartirlos con los hermanos. Él nos llama a hacerlo con generosidad de corazón; le amamos sirviendo a los hermanos.
  • Porque los hermanos necesitan y tienen derecho a nuestra ayuda: son muchas las necesidades materiales y económicas de las misiones; no sólo para fundar la Iglesia con estructuras mínimas (capillas, escuelas, salones para catequesis, viviendas para huérfanos, etc.), sino también para sostener los misioneros y las obras de caridad, de educación y promoción humanas, campo inmenso de acción, especialmente en los países po¬bres; reconocemos que los necesitados son hermanos nuestros y que al ayudarlos estamos sirviendo a Jesús presente en ellos. Que Jesús nos pueda decir: “Tuve hambre y me dieron de comer” (Mt 25).
  • Por nosotros mismos: para salvarnos administrando honradamente y compartiendo generosamente los bienes que Dios nos ha dado para servir a los hermanos. Nos salvamos cumpliendo fielmente nuestra propia misión de propagar nuestra fe, con todo lo que somos y con todo lo que tenemos. Comunicamos nuestra fe compartiendo nuestro pan. Compartimos nuestro pan para comunicar nuestra fe y para hacer discípulos para Jesús.

 

Por ello, conforme al Evangelio, motivamos a que la ofrenda sea:

  • Una ofrenda sacrificada: el valor de la ofrenda depende del sacrificio que hagan para prepararla y entregarla. No se trata de dar lo que nos sobra, sino de dar con generosidad también de lo que nos hace falta.
  • Para difundir el Evangelio: Hemos de enseñar a dar la ofrenda para la evangelización, para hacer que otros sean amigos de Jesús, para propagar la fe. Así, la motivación de la ofrenda no será sólo la de calmar el hambre material sino la de atender el hambre de Dios. La ofrenda ha de servir para atender las principales necesidades de la evangelización. Al entrar esta motivación en el corazón del hermano, le moverá a dar con mayor generosidad su ofrenda.
  • Dada con humildad y discreción: sin alardes ni com¬paraciones; para gloria de Dios. Que tu mano derecha no sepa lo que da la izquierda.
  • Ofrenda continua: La llamada del Señor la hemos de responder todos los días. Por ello, cada semana, de¬positamos la “ofrenda económica” en nuestra alcancía misionera. En las jornadas misionales invitamos a otros familiares y amigos a dar su ofrenda económica en favor de los más necesitados del mundo. 
  • Nuestra cooperación ha de ser siempre universal. No escogemos a quién ayudar (nuestro propio pobre), ni reducimos nuestro campo de ayuda a las necesidades locales o a las de las personas que conocemos. Nuestro corazón está abierto al mundo entero, sin fronteras, buscando la salvación de todas las personas, conforme al amor universal de Jesús. Todos ayudamos a todos y recibimos de todos, conforme a nuestra solicitud y necesidad. Esta es la característica del Fondo Universal de Solidaridad de las Obras Misionales Pontificias, en el cual se reciben todas las ofrendas de los niños, jóvenes y adultos, para distribuirlas proporcionalmente entre todos los más necesitados del mundo. La motivación a esta universalidad en la ofrenda seguramente aumentará la generosidad misionera de los cristianos (cf. Estatutos de las Obras Misionales Pontificias).
  • No sólo dar, sino darnos con Jesús. Él no sólo nos pide compartir monedas, sino que también nos pide las manos, los pies, el corazón, toda la persona. Nos pide ser misioneros en nuestra propia comunidad y apoyar las misiones en el mundo entero.

 

Cuando el cristiano comparte el pedazo de pan, apren¬de a dar lo de Jesús, a dar a Jesús y a darse con Jesús. Es una forma educativa misionera. Dios no mide cuantitativamente la ofrenda. Ante Dios la ofrenda hecha con amor generoso es siempre grande.
Para aumentar la ofrenda económica, conviene ante todo fomentar continuamente la oración y el sacrificio, porque esto es lo que mueve a los cristianos a comprometerse con su ofrenda misionera y con sus servicios misioneros. La cooperación misionera espiritual y la material van de la mano.

 

c) Cooperación con misioneros y con servicios misioneros (RMi 81)

“Heme aquí, Señor, estoy dispuesto, envíame” (cf. Isaías 6, 8). Esta es la respuesta que espera Dios de cada uno nosotros: ser misioneros todo el día y todos los días.
Esta forma de cooperación se refiere al servicio misionero personal y al envío de misioneros a otras Iglesias hermanas. Cada uno colabora con sus servicios y con todo, según sus posibilidades (RMi 81).

Tenemos la responsabilidad de ser misioneros en la comunidad local y misioneros para el mundo entero. Así integramos la dimensión local con la dimensión universal. Superando las tentaciones de hacer sólo o primero la misión en la comunidad local; o la tentación de esperar realizar solamente la misión más allá de las fronteras (cf. EA 74). Entonces, los servicios misioneros implican globalmente ser misionero en la familia, misionero en la comunidad y misionero para el mundo entero.

Hemos de ser misioneros en todos los lugares y ambientes a donde vayamos y con todas las personas que Dios coloque en nuestro propio camino, especialmente hacia los no cristianos, a quienes hemos de ofrecerles acogida, diálogo, servicio, fraternidad, testimonio y anuncio directo del Evangelio (cf. RMi 82). No sólo los países pobres, sino también los países ricos, necesitan la ayuda misionera. En todas partes hay hermanos con hambre de Dios y con otras hambres. Ellos necesitan misioneros y esperan que lo hagamos con servicios concretos.

Nuestra cooperación misionera se manifiesta, también, en la promoción de las vocaciones misioneras (RMi 79). Con ello ayudamos a que los hermanos se comprometan también como misioneros. Estimulemos y apoyemos de corazón a aquellas personas que se sienten llamadas a consagrarse de por vida a la obra del Evangelio, dispuestos a ir por todo el mundo para llevar la salvación (cf. RMi 79). Las Obras Misionales Pontificias asumen con entusiasmo este objetivo de apoyar la formación y envío de las diversas vocaciones misioneras (cf. RMi 84). Nosotros, además de realizar nuestros propios servicios misioneros, promovemos las vocaciones misioneras en nuestra propia comunidad como aporte para la evangelización del mundo entero. Cultivamos las vocaciones misioneras para que los hermanos descubran y realicen mejor su vocación y apoyen a otros que se quieren consagrar de por vida al servicio de las misiones.

Los “servicios misioneros” se concretan según los dones recibidos y las posibilidades. Hemos de motivar a los hermanos para que intensifiquen sus “servicios misioneros” en su propia familia, entre sus compañeros, en su comunidad local y se proyecten mejor a cumplir su propia misión “más allá de sus fronteras”.
 
Para promover y canalizar los servicios misioneros resulta conveniente:

  • Promover el año de servicio misionero y otras formas de voluntariado misionero.
  • Promover la ayuda con otras Iglesias hermanas, compartiendo agentes de pastoral y otros bienes.
  • Asumir compromisos de ayuda misionera con otras Iglesias particulares u otras iniciativas misioneras concretas, sin debi¬litar nuestro aporte generoso a la evangelización universal y dando la prioridad a la misión ad gentes.
  • La Iglesia recomienda decididamente intensificar la ayuda con sacerdotes “Fidei donum”, que a nombre de la propia Iglesia particular y permaneciendo unidos a ella, van desde una Iglesia hermana a compartir la evangelización de la otra Iglesia particular, que lo recibe agradecida y lo acompaña .

 

6.    Recomendaciones especiales para las “jornadas misionales”

Preparar bien las Jornadas de la Infancia Misionera (Epifanía, o en la fecha acordada en cada país), Obra san Pedro Apóstol (3 de junio), Obra Propagación de la Fe (penúltimo domingo de octubre) y Unión Misional (3 de diciembre).

  • Que el obispo envíe a las parroquias y agentes de pastoral una carta motivadora para cada jornada anual.
  • Ofrecer materiales adecuados (afiches, guías para re¬uniones, etc.) para las actividades de animación misionera en las escuelas, movimientos y diversos grupos de la parroquia. El tema central es el de la cooperación misionera y la invitación a participar en las actividades programadas para la jornada.
  • Conviene dar la información sobre las ofrendas recogidas el año anterior y sobre la forma como se han utilizado. Dar reconocimientos especiales por las mejores ofrendas recibidas.
  • Será muy importante utilizar los medios de comunicación social para hacer la correspondiente motivación misionera.

 

Celebrar adecuadamente las jornadas de las cuatro Obras Misionales Pontificias cada año, con sus dos objetivos: intensificar la animación misionera y promover la cooperación misionera en la evangelización universal.

  • En cada jornada se intensifica la oración por las misiones. En muchas partes se realizan vigilias de oración, rosarios misioneros, marchas de la fe, etc. El centro es la Eucaristía misionera. En este ambiente, muchos niños, jóvenes y adultos, con sus animadores, hacen por primera vez, o renuevan, su consagración misionera.
  • Es necesario organizar adecuadamente la recolección de las ofrendas misioneras mandadas por la Iglesia universal. Además, según las posibilidades, solicitar ofrendas a los movimientos, instituciones y empresas existentes en la comunidad.
  • Además, conviene realizar diversas actividades culturales y recreativas que favorezcan la animación misionera y la recolección de ofrendas para ayudar a la evangelización universal: rifas, reciclaje de periódicos y otros desperdicios, bazares, caminatas, concursos, actos culturales, venta de artículos elaborados por los colaboradores, venta de materiales misioneros, venta de estampillas usadas, etc.

 

Estas ofrendas son sagradas y se ponen íntegramente a disposición del Fondo de Solidaridad Universal (cf. Estatutos de las Obras Misionales Pontificias). De allí se distribuyen las ayudas para la evangelización de los más necesitados del mundo.

 

Para profundizar y aplicar

  1. Describo pasos concretos para mejorar este año mi cooperación misionera (espiritual, económica y con mis servicios misioneros).
  2. Explico a algunos compañeros en qué sentido es un derecho-deber de todos los cristianos el cooperar misioneramente en la evangelización universal.
  3. Explico a un grupo las tres formas de cooperación misionera.
  4. Con algunos agentes de pastoral, describo los principales pasos que le convendría dar a nuestra comunidad parroquial para mejorar su cooperación misionera espiritual, material y con misioneros.