Para Nuestra Formación

MI CAMINITO

En este camino se pueden reconocer varios pasos o partes de esta experiencia en el amor de Dios:

 

1. “DEJARME AMAR” DEL DIOS AMOR

Dios Amor nos mueve a experimentar su especial Amor misericordioso, nos invita a “Dejarnos amar”.

Jesús nos dice: “... El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada” (Jn. 15, 5). “... si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna” (Jn 12, 24-25).

Y a través del Apóstol nos recuerda“ Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados!  No hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo, para confundir a los sabios. Y  ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es. Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios.... El que se gloríe, gloríese en el Señor” (I Cor 1, 26-30).

+ Para “dejarnos amar”, comenzamos, entonces, por reconocer  nuestra propia debilidad, nuestra situación de pecadores, la incapacidad personal para santificarnos solo con nuestros esfuerzos.

Después, adoramos humildemente la grandeza, la santidad de Dios Amor. Le agradecemos su maravillosa misericordia. En El encontramos la fuente y el motor de todo nuestro progreso. En todo, buscaremos “vivir del Amor de Dios”.

+ Reconocemos y agradecemos su amor personal, amor vivo y total, a cada uno de nosotros (cf. Mc. 3, 13).

+ Sentimos y asumimos responder la llamada que nos hace Dios a ser santos como Él es santo (cf. Mt. 5, 48) y a crecer con frutos abundantes “No me habéis elegido vosotros a mí sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y déis fruto, y que vuestro fruto permanezca....” (Jn. 15, 16).

+  Luego, le ofrecemos nuestra debilidad personal, nuestra “nada”. Ponemos en El nuestra confianza y nos abandonamos en sus brazos amorosos. Nos entregamos a Él para ser enteramente suyos y para permanecer siempre en Su amor. Lo hacemos por amor a Él solo, no por sus dones. Nos dejamos “lavar los pies”, como Pedro y los demás Apóstoles. Para ello, nos despojamos, por amor,  de todo lo que no es de Dios, o no está según su voluntad.

 

2. AMARLO CON TODO EL CORAZÓN

Es el segundo paso en este camino del mejor amor. Con la fuerza de su Amor, nos esforzamos en amarlo con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Es una parte fundamental de nuestra respuesta para conseguir la vida eterna (Cf Lc 10, 25, 28).

“Amarlo” implica: convertirnos de nuestros pecados, unirnos a Él con una amistad y compromiso crecientes, agradarle aún con lo más sencillo de nuestra vida.

+ El “amar” nos lleva a salir de sí mismos para dejar entrar Jesús en nosotros (en nuestra personalidad, en nuestra vida, en el trabajo, etc.). Así como lo expresa el Apóstol “....Con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal. 2, 19- 20).  Nos lleva a vivir con Él, con una amistad creciente que se alimenta, por una parte, de su Palabra viva escuchada abundantemente y, por otra, de la Eucaristía y de los encuentros de diálogo amoroso cada día con El.  Llegamos a vivir verdaderamente como hijos de Dios, por el Espíritu de Amor (cf. Gal. 4, 4-7),   viviendo una comunión  de amistad continua con El.

+ Es el Espíritu Santo quien nos va llevando a Vivir como El, a tener los mismos sentimientos de Jesús: “El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando la condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre” (Fil. 2, 6-9).

 

3. AMAR AL PRÓJIMO CON EL AMOR DE DIOS

Es la otra parte del gran mandamiento del amor (Cf Lc 10, 25, 28) y es el tercer paso de este caminito.

Para “amar” a Dios es necesario amar a nuestros hermanos: “Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (Jn. 13, 34)… “Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros”.

Amamos a los hermanos por motivos auténticos:

  • Porque Él nos lo pide y porque el hermano es camino para amarlo a Dios. Por amor a Dios.
  • Porque El los ama.
  • Como El los ama. Hasta  perdonar de corazón y  dar la vida con el amor del mejor amigo y del Buen Pastor.
  • Con el amor de Dios, amor que se muestra en  obras de caridad efectiva y de comunión fraterna.
  • Dejando que sea Dios, quien ame a través de mí a los hermanos. Amamos Con Él y en Él.
  • Amarlos como nos amamos a nosotros mismos.

Por amor a Dios y a nuestros hermanos asumimos el camino de hacernos pequeños (cf. Lc 10,21).

Dejarnos amar, amarlo con todo el corazón y amar con el amor de Dios, nos lleva a Unirnos a nuestros hermanos en El, teniéndolo como centro de nuestra comunión fraterna, porque es en su Amor en el que podemos reconocernos y servirnos, reconciliarnos y ayudarnos, como hermanos (cf. Hechos 4, 32), viviendo en comunidades eclesiales concretas, al servicio de los hermanos del mundo entero.

 

4. HACERLO AMAR DE TODOS

Llegamos al cuarto paso de este camino en el amor de Dios. Esta es nuestra misión: amar a Dios haciéndolo amar.

Para “hacerlo amar” es necesario dar la vida, por amor de Dios. Así respondemos a la llamada de Jesús: “SI alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame... Porque quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt. 16, 24-25).

Dar la vida:

  • Yendo con El, en sintonía con su amor y su voluntad: a donde Él quiera, a lo que El quiera, como Él quiera, con los que Él quiera, cuanto Él quiera.
  • Lavando los pies a los hermanos, con Jesús, como Jesús y por Él, según la misión que hemos recibido de Él y conforme a los deberes que nos corresponde cumplir cada día.
  • Realizando la grandiosa  misión evangelizadora que nos ha encomendado:”Id,  pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del  Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28,19-20).
  • Abandonando en las manos de Dios, con paz, nuestro trabajo y sus frutos (son suyos y para gloria del Padre).

No se ama verdaderamente a Jesús cuando se le hace amar de todos.

 

HAGAMOS ESTE “CAMINITO” CADA  DÍA:

Los cuatro pasos los hemos de hacer cada día, comenzando siempre  por el “dejarme amar” de Dios Amor. Hay días o espacios en que intensifico alguno de los pasos. Con todos ellos siempre voy hacia el “hacer que todos lo amen”.

En este caminito vamos a progresar haciéndonos pequeños:

Teniendo, a  Dios Amor como el fundamento, la fuerza y el fin de todo:

  • Haciendo que el amor de Dios penetre todo en nosotros y avive nuestra fe, esperanza y caridad.
  • Viviendo en comunión permanente con nuestro Amigo Jesús y teniendo el encuentro diario de diálogo amoroso con El.
  • Amando a Dios con todo a través de nuestro seguimiento evangélico de Jesús  pobre, casto y obediente.
  • Encarnando el amor al prójimo en la comunión eclesial fraterna.
  • Haciendo amar a Jesús cumpliendo nuestra misión evangelizadora, por la salvación de nuestros hermanos del mundo entero.

 

Hagámoslo:

  • Sirviendo  con María y como ella. Su actitud es la más eficaz: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).
  • Unidos con todos los santos y, especialmente con aquellos que, como Santa Teresita del Niño Jesús,  vivieron y difundieron  este “caminito”.

 

Compartamos  experiencias y frutos de nuestro “caminito” con otros hermanos (amigos, familiares, vecinos, y con otros a los que Dios nos envía).

Esta experiencia en el Amor de Dios nos llevará a unirnos cada día más a Él, a vivir más en su Amor y a sembrar su amor entre nuestros hermanos en el mundo entero. Este caminito, desde ahora, nos llevará a pregustar felizmente el cielo con  Dios Amor.

 

“DEJARNOS AMAR DEL DIOS AMOR,
AMARLO,
AMAR CON EL AMOR DE DIOS
Y HACERLO AMAR”.

Julio Daniel Botía A.