Para Nuestra Formación

TRABAJAR POR NOSOTROS MISMOS

TRABAJAR POR NOSOTROS MISMOS

 

En cierto modo, el presbítero es precisamente el primer responsable en la Iglesia de la formación permanente, pues sobre cada uno recae el deber —derivado del sacramento del Orden— de ser fiel al don de Dios y al dinamismo de conversión diaria que nace del mismo don (PDV, 79). Es el primer y principal responsable de la propia formación permanente (DMVP2, 105).

 

Esta responsabilidad tiene fundamentos profundos y concretos:

A cada sacerdote incumbe el deber de ser fiel al don de Dios y al dinamismo de conversión cotidiana, que viene del mismo don (Cf. PDV, 79; DMVP2, 105).

“Este deber deriva del hecho de que ninguno puede sustituir al propio presbítero en el vigilar sobre sí mismo (cfr. 1 Tim 4, 16). Él, en efecto, por participar del único sacerdocio de Cristo, está llamado a revelar y a actuar, según una vocación suya, única e irrepetible, algún aspecto de la extraordinaria riqueza de gracia, que ha recibido.” (DMVP2, 105).

“Por otra parte, las condiciones y situaciones de vida de cada sacerdote son tales que, también desde un punto de vista meramente humano, exigen que tome parte personalmente en su propia formación, de manera que ponga en ejercicio las propias capacidades y posibilidades.” (DMVP2, 105).

 

Para cumplir esta responsabilidad, el presbítero realiza lo siguiente:

  • Ha de responder con fidelidad a su vocación y misión con una vida santa (Cf PO 12 y 14), con la unión de sus fuerzas a las de los otros presbíteros (PO 7) y mediante un ministerio fiel y fecundo (Cf PO 3, 4, 5, 13).

  • Con base en un discernimiento espiritual, elaborará y aplicará su proyecto de vida personal, el cual describe los caminos y medios con los cuales trabajará sistemáticamente por el crecimiento integral personal.

  • Participará activamente en las actividades de la pastoral presbiteral, dando su propia contribución en base a sus competencias y posibilidades concretas (Cf. DMVP2, 105).

  • Aprovechará los medios ordinarios para conseguir su renovación humana, espiritual, intelectual y pastoral. Entre ellos, se ocupará en leer libros y revistas, que sean de segura doctrina y de experimentada utilidad para su vida espiritual y para un fructuoso desempeño de su ministerio (Cf. DMVP2, 105).

  • Los presbíteros, por su parte, considerando la plenitud del Sacramento del Orden de que están investidos los Obispos, han de acatar en ellos la autoridad de Cristo, supremo Pastor; han de estar unidos a su Obispo con sincera caridad y obediencia, ungida de espíritu de cooperación (PO, 7).  

  • Cooperará en el cuidado de la vida y del servicio ministerial de los demás hermanos presbíteros (pastoral presbiteral), con base en los «particulares vínculos de caridad apostólica, de ministerio y de fraternidad» (PO, 8), en los cuales se funda la ayuda recíproca, que se prestarán los presbíteros (Cf. DMVP2, 106).


Julio Botía