Nuestra Espiritualidad

LOS PASTORES, MINISTROS DE LA PALABRA

Tomado de DISCÍPULOS PASTORES

ENCUENTRO 9

 

EL GUSTO DE ENCONTRARNOS

  • Celebremos nuestra alegría de encontrarnos nuevamente. Hoy también podremos aprovechar importantes elementos para nuestro grupo, para nuestra vida y para nuestro ministerio pastoral.
  • Hagamos una Oración comunitaria para agradecer a Jesús su presencia entre nosotros y para pedirle que nos ayude a ser buenos discípulos y buenos servidores del Evangelio.
  • Compartamos hoy sobre nuestro ministerio de la Palabra. Comencemos por recordar satisfacciones que hemos recibido en este ministerio. También, podemos plantear algunas de nuestras preocupaciones: ¿cómo lograr mayores frutos con nuestra predicación? ¿Cómo llegar mejor con el Evangelio a los "alejados" y a los no-cristianos? ¿Cuánto tiempo dedicar a preparar y a realizar el ministerio de la Palabra cada semana?

REFLEXIONEMOS

El Señor nos ha enviado: "Id por el mundo entero y proclamad el Evangelio a toda criatura" (Mc 16,15; Cf. Mt 28, 19-20); "Ay de mí si no evangelizare!" (1 Cor 9,16).

La fe nace, pues, de la palabra de Dios y la predicación es un instrumento indispensable para hacer comprensible el mensaje (Cf. Rom 10, 14-15). En la asamblea litúrgica, sobre todo en la Liturgia eucarística, Dios habla a su pueblo, y los ministros ordenados tienen la misión de explicar y actualizar la palabra de Dios (Cf. DV 24).

Por el sacramento del orden, Cristo, en la Iglesia, consagra a los pastores para el anuncio del Evangelio (Cf. Mc 16,15) y la edificación de la Iglesia (Cf. PO 1; PDV 12). Este ministerio de la Palabra ocupa un puesto especial (PO 4), dentro de la misión de los pastores, el cual está íntimamente unido con el ministerio de los sacramentos y con el ministerio de la caridad.

Por este ministerio de la Palabra, el obispo, el presbítero y el diácono, cada uno según su vocación y ministerio, se convierten en "signos personales" y en "ministros especiales" de Cristo Maestro:

  • Para ser "signos personales" de Cristo Maestro, los pastores viven un "discipulado" que los lleva a crecer en la fe, a ser cada día mejores creyentes, discípulos y testigos. Así, anuncian con el testimonio de su vida lo que han "visto y oído": su amigo Jesús.
  • Por otra parte, los pastores son enviados a ser "ministros" de Cristo Maestro, mediante su ministerio de la Palabra, en cooperación y dependencia con el magisterio de su Obispo y de la Iglesia universal. Lo hacen como representantes de Cristo Maestro ante la comunidad y obrando en su nombre (PO 2.6.2). Son especiales servidores del Evangelio, maestros de la verdad, para enseñar con autoridad la fe católica y dar testimonio oficial de la fe de la Iglesia (DMVP 45). Anuncian a los fieles católicos, a los alejados y al mundo entero, a Jesucristo salvador universal, su persona, su mensaje y su obra.

El ministerio de la Palabra del obispo, del presbítero y del diácono, comprende diversos servicios:

  • Dar testimonio, personal y comunitario, de vida cristiana, para que el mundo crea.
  • Anunciar el Evangelio (kerigma) para lograr la conversión y la fe.
  • Ser catequista de catequistas, para animar, coordinar y dirigir la actividad catequética de la comunidad (DMVP 47) y acompañar la iniciación cristiana y la maduración de la fe.
  • Servir la Palabra en la preparación y celebración de todos los sacramentos.
  • Celebrar bien la Palabra de Dios en cada sacramento, especialmente en la Eucaristía.
  • Preparar y presentar la Homilía con tres propósitos: explicar la Palabra proclamada; ayudar a aplicarla a la vida personal y comunitaria; y hacer el puente correspondiente con la liturgia.
  • Servir bien la Palabra en otras formas de predicación y de educación de la fe.

Este ministerio de la Palabra para los presbíteros, y para los demás pastores, es el deber primero (PO 4), por varias razones:

Porque el anuncio del Evangelio es inicio y fundamento del proceso evangelizador (Mt 7, 24), de la fe, de la vida cristiana y de la edificación de la comunidad.

• Por la necesidad improrrogable de anunciar el Evangelio sea con la primera evangelización a la mayor parte de la humanidad, sea con la "nueva evangelización" a los católicos no practicantes.

• Porque para nosotros mismos la Palabra es el primer alimento que nos capacita para ser discípulos, testigos y servidores del Evangelio.

Este ministerio exige especial preparación, dedicación y tiempo. Es menos visible que una celebración sacramental y la paga es solo el don mismo de anunciar el Evangelio.

Este ministerio de la Palabra nos santifica cuando lo realizamos:

  • En modo auténtico: haciendo lo que nos corresponde como pastores, en aquello que corresponde a nuestro ministerio y con fidelidad a la Palabra de Dios.
  • Con caridad pastoral: por amor a Jesús y con su amor, para servir a nuestros hermanos.
  • En el Espíritu: dejándonos enseñar y guiar por el Espíritu Santo, para alimentarnos nosotros mismos de la Palabra y para servirla con la fidelidad y la fecundidad correspondientes.

Para mejorar nuestro ministerio de la Palabra son útiles varios pasos:

  • Mejorar nuestro propio "discipulado" con la Palabra de Dios. Meditar la Palabra que se lee; vivir la que se ha meditado; enseñar la que se ha vivido.
  • Dar prioridad efectiva a este ministerio de la Palabra. Dedicarle el tiempo y los recursos que corresponden a este ministerio en la evangelización de la comunidad.
  • Esforzarnos en la preparación y realización de los correspondientes servicios de la Palabra.
  • Preparar bien y prepararnos bien para servir fielmente y con buen fruto la Palabra.
  • Dedicar más tiempo y corazón para desempeñarnos como catequista de los catequistas en nuestra comunidad.
  • Preparar con otros compañeros la "homilía" dominical.
  • Predicar más y mejor, ante todo, la Palabra de Dios. Esforzarnos en decir menos nuestras palabras. Predicar la Palabra con la misma Palabra de Dios.
  • Promover la "Lectio divina" entre los hermanos de la comunidad.
  • Acompañar a los hermanos para hacerse "discípulos" y "servidores" de la Palabra.
  • Con la Palabra, hacer discípulos para Jesús.

             » Ejercitemos este ministerio de la Palabra en nuestra Iglesia particular y para su edificación.

             » Ayudémonos a santificarnos mediante este primer ministerio.

 

VAMOS A LO CONCRETO. DIALOGUEMOS:

  1. ¿Qué hacer para dar el tiempo y los recursos necesarios a este nuestro "deber primero" de anunciar el Evangelio?
  2. ¿Cuáles de los pasos propuestos nos ayudarían más a ejercer mejor este misterio de la Palabra?
  3. ¿Qué otros medios nos pueden ayudar a lograr mejores frutos en este ministerio?

 

OREMOS para agradecer y suplicar a Cristo Maestro que nos ayude en este ministerio de la Palabra.

COMPARTAMOS

El ágape fraterno, que es un momento especial para reforzar nuestra fraternidad.

Preparemos nuestro próximo encuentro (coordinador, lugar, fecha, etc.).

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PARA PROFUNDIZAR Y APLICAR DESPUES DEL ENCUENTRO:

  • Leer del DMVP (congregación para el Clero, Directorio para la vida y ministerio de los Presbíteros) n. 45-47 y compartir con otro compañero sobre las principales recomendaciones encontradas para este ministerio. Analizar en Doc. Aparecida, n. 143 – 148.
  • Preparar con otro presbítero la homilía del próximo domingo y evaluar la experiencia.