Nuestra Espiritualidad

LA IDENTIDAD Y LA ESPIRITUALIDAD SACERDOTAL EN LA EXPERIENCIA PASTORAL DE JUAN PABLO II

La PRIMERA PARTE, la desarrollamos en cinco capítulos, organizando las homilías y cartas a los sacerdotes. Cada uno de los cinco capítulos desarrolla diversos momentos del camino sacerdotal desde el llamado vocacional, hasta el ejercicio del ministerio sacerdotal diocesano en sus diversos grados. Han sido organizados como se enuncia a continuación:

  1. Los jóvenes y el llamado al sacerdocio
  2. La formación y el discernimiento de la vocación sacerdotal
  3. La confirmación del llamado y la ordenación sacerdotal
  4. El ejercicio del ministerio ordenado
  5. El obispo, guía, Pastor y Padre

La SEGUNDA PARTE, la desarrollamos en tres capítulos y es vital para nuestro propósito. Concentramos nuestra atención en la obra de Juan Pablo II, concretamente en su legado homilético y en sus cartas a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo.

  1. La visión del sacerdocio según su vida y testimonio
  2. Los consejos evangélicos en la vida del sacerdote diocesano
  3. Situaciones extraordinarias en la vida sacerdotal, como consecuencia del seguimiento de Cristo

Consideramos que esta segunda parte es el corazón de nuestra investigación, ya que es Juan Pablo II quien nos habla y nos sorprende con su testimonio personal desde distintos ángulos, para afrontar «la identidad del sacerdote» desde la vivencia de la espiritualidad diocesana.

En la TERCERA PARTE, estudiamos las diferentes dimensiones teológicas de la espiritualidad sacerdotal diocesana a lo largo de cinco capítulos, como se indica a continuación:

  1. Dimensión Trinitaria
  2. Dimensión Cristológica
  3. Dimensión Pneumatológica
  4. Dimensión Eclesial
  5. María, Madre de Jesucristo y madre del sacerdote

El objetivo central de esta tercera parte de nuestro estudio, ha sido el de profundizar en la identidad y espiritualidad del sacerdote diocesano, haciendo énfasis en su naturaleza teológica, con una clave especial de lectura que nos ayudó a precisar su teología espiritual, desde el aporte de la teología dogmática.

El primer capítulo nos da una clave trinitaria para una nueva comprensión del sacerdocio, nos invita a sensibilizarnos de una forma especial y a contar más con la Santísima Trinidad y a relacionarnos de una forma más directa con las tres Divinas Personas.

En el capítulo segundo, hemos profundizado la espiritualidad y la vida sacerdotal siguiendo como la clave de lectura lo que Juan Pablo II nos presenta como «la vida en Cristo». Esta dimensión nos ayudó a fijar nuestra atención, de un modo especial en la figura de Jesús como modelo y maestro al sacerdote hoy.

En el capítulo tercero, hemos considerado como un paso muy importante para la identidad sacerdotal superar la visión funcionaria del ministerio de modo tal que pueda abrirse a la acción propia que ejerce el Espíritu Santo. Esta dimensión pneumatológica nos ayudó a precisar el gozo de ser sacerdote ungido por el Espíritu y que participa de la misión salvadora de Cristo

En el capítulo cuarto, hemos analizado la imagen del sacerdote enviado a servir dentro de una comunidad eclesial, como un servidor generoso y fiel. Todo esto con la consecuencia de que la espiritualidad del sacerdote diocesano se concretiza especialmente dentro de una Diócesis, en comunión con el presbiterio y bajo la guía y autoridad del Obispo, para el bien y servicio de la Iglesia universal.

En el capítulo quinto, hemos querido enfatizar la relación del sacerdote con María, al constatar lo significativa que fue la presencia de la Virgen a lo largo de la misión de Juan Pablo II. Su lema «Totus Tuus». «Que corresponde a la célebre expresión de San Luis María Grignion De Momfort, en la que Karol Wojtyla encontró un principio fundamental para su vida: “Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te inmea omnia. Praebe mihi cor tuum, Maria – Soy todo tuyo y todo cuanto tengo es tuyo. Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón” (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 266)» ; donde se nos revela su personalidad sacerdotal. Al grado de que en esta clave mariana podemos situar con certeza la madurez apostólica y la fecundidad espiritual de este sacerdote singular.

La CUARTA PARTE, a modo de conclusión, la hemos desarrollado en tres capítulos:

  1. El sacerdote diocesano, misionero y evangelizador
  2. El sacerdote diocesano, testigo y profeta
  3. El sacerdote – un auténtico testigo en el mundo

Después de haber delimitado la propuesta espiritual de Juan pablo II, en esta última parte de nuestro trabajo presentamos lo que podríamos llamar su originalidad para una vivencia plena de la espiritualidad sacerdotal diocesana. Hemos llegado a un momento de vital importancia para la comprensión de su itinerario espiritual, y en nuestra opinión estamos respondiendo al objetivo propuesto en nuestra disertación.

El primer capítulo es fundamental para comprender la trascendencia de la identidad del sacerdote como misionero y su apertura al mundo; como ejemplo de donación, y desde dónde desempeña su labor en medio de grandes contradicciones. La espiritualidad del presbítero se concretiza en su pertenencia a una Diócesis desde la que canaliza todas sus energías al servicio de la propia Iglesia particular, caracterizada por una historia propia, una geografía, y una cultura particulares. El sacerdote lo hace por una especie de gratitud ya que reconoce que la Iglesia Diocesana lo ha generado, lo sigue sosteniendo y lo sostendrá en el desarrollo de su ministerio, proyectándolo al servicio mismo de la Iglesia Universal.

En el capítulo segundo concentramos nuestra atención en la espiritualidad del sacerdote diocesano como signo del amor y de la misericordia de Dios, y cómo vive y celebra los sacramentos. En un primer momento, proponemos que el presbítero está llamado hoy, más que nunca, a «ser profeta y testigo». Hemos clarificado, además, que existe una verdadera espiritualidad diocesana; que la espiritualidad de la Iglesia particular constituye «la columna vertebral» de la espiritualidad del presbítero que en ella está incardinado.

En el capítulo tercero, hemos concluido con nuestra propuesta para una vivencia plena de la espiritualidad sacerdotal diocesana conscientes, que el presbítero está inmerso en un mundo que tiene hambre y sed de Dios; un mundo que cambia continuamente, con sus aspectos positivos y negativos. En un mundo que también es relativista por lo que, desde ahí en las circunstancias actuales debe ser testigo y esto implica una coherencia de vida, una fe arraigada, convicción profunda y disponibilidad al sacrificio. La declaración reciente del Pontífice Beato ratifica nuestra percepción de que el sacerdocio que vivió Juan Pablo II, puede ser presentado nítidamente a los presbíteros de hoy como un modelo para seguir a Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, «hasta el último suspiro» como el Papa polaco solía repetir.

Este estudio se enfoca a delinear algunas pistas de espiritualidad para el sacerdote diocesano que enriquecen las ya existentes. Como sacerdote diocesano y por el conocimiento que tenemos de la realidad diocesana, creemos que el presbítero de hoy tiene un enorme riesgo de caer en la monotonía o en la soledad de una vida cerrada a sus hermanos. Se encuentra ante el peligro evidente de no saber compartir su vida, su trabajo pastoral, de abandonar la oración y desempeñar su ministerio, más como funcionario que como pastor.

Juan Pablo II proyecta una visión de esta realidad en un mundo secularizado y nos invita a ser fuertes heraldos del Evangelio, insobornables en la fe. Y es también, en esta realidad, donde nuestro estudio ofrece la posibilidad de una ayuda concreta, mediante la presentación de lo que hemos llamado líneas de espiritualidad «hacia una vivencia plena del sacerdocio diocesano».

PROFUNDIZACIÓN: Son varios los interrogantes a los que pretendemos responder: ¿Cuál es la visión de la espiritualidad sacerdotal diocesana que tiene el Papa Juan Pablo II? ¿Cuál la propuesta que ofrece al clero diocesano? ¿Cuáles las connotaciones de su doctrina con la vida del sacerdote hoy? y ¿Por qué no presentarlo más abiertamente como parte fundamental de la vivencia espiritual, no sólo para los sacerdotes diocesanos, sino también para el creyente en general? Si el Santo Padre ha sido uno de los más grandes testigos de nuestro tiempo, ¿por qué no explorar su teología, y su espiritualidad sacerdotal, especialmente en el campo diocesano?

CONCLUSIÓN: Nuestra investigación pretende resaltar la importancia de los particulares de la vida misma del sacerdote que, en nuestra opinión han sido descuidados, pero que son de vital importancia en la vocación misma. El comportamiento del sacerdote entre los laicos, el lenguaje correcto sin ningún compromiso, testimoniando por donde sea la verdad, la dedicación del tiempo oportuno para la oración y la reflexión personal, tan importantes en la vida de un de un sacerdote, vivir profundamente la Eucaristía, como centro y punto de fuerza en la vida sacerdotal, vivir íntimamente el contacto personal con Dios, aun en contra de las corrientes opuestas, para ser testigos valientes de la verdad del Evangelio y vivir en comunión junto con sus hermanos que forman el presbiterio bajo la guía del Obispo.

BIBLIOGRAFÍA: Nos hemos concentrado fundamentalmente en el análisis y estudio de sus homilías y sus cartas a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo a lo largo de su pontificado.

Padre, Edwin Carreño Carreño