Nuestra Espiritualidad

LA VIDA Y OBRA DEL CURA BROCHERO

Tomado del CELAM - OBSERVATORIO PASTORAL en http://www.celam.org/observatorio_pas/Images/img_noticias/doc14d0e308bdcc5b_19122010_1119am.pdf

Entre los personajes que han dejado huella en la Iglesia argentina, nadie puede olvidar al famoso “Cura Brochero”. Su causa de canonización se encuentra en marcha. Mirando su vida, hallamos reflejado un ejemplo viviente para todo sacerdote y un ejemplo concreto y profético de lo que nuestro pueblo anhela ver realizado en sus pastores.

Su nombre completo era José Gabriel del Rosario Brochero.  Nació el 16 de Marzo de 1840 en un paraje llamado “Carreta Quemada” (Pcia. De Córdoba). Fue ordenado presbítero el 4 de noviembre de 1866. En 1869 se recibió de Maestro de Filosofía por la Universidad y más tarde es nombrado Párroco de Villa del Tránsito (actualmente Villa Cura Brochero) desde donde desplegó su intenso ministerio pastoral. Murió leproso y ciego en esa Villa el 26 de enero de 1914, a los 74 años de edad.

Un rasgo típico de su larga trayectoria como párroco fue la presentación del Evangelio mediante un lenguaje vívido y cercano a la comprensión de la gente sencilla. Su preocupación estuvo en iluminar la vida de sus fieles a partir de la Palabra de Dios, atento siempre a las circunstancias concretas de la vida de los mismos. Durante sus cabalgatas y viajes se entregaba también a la oración silenciosa y continua de donde más tarde brotaría su predicación. Sus ratos largos orando delante de la Eucaristía, como así también su amor y devoción a la Santísima Virgen María, le dieron esa profundidad que es propia de la palabra que brota de la contemplación y luego se expande en la acción apostólica.

En cada una de las etapas de su vida sacerdotal, el Cura Brochero se interesó también por la promoción humana de sus fieles, la enseñanza, los caminos, el ferrocarril. Su corazón sacerdotal se volcó siempre en el servicio hacia los más necesitados. Por esta razón, estuvo dispuesto a golpear todas las puertas y a buscar todos aquellos que puedan darle una mano a fin de conseguir los medios temporales necesarios para que sus feligreses alcanzaran una vida más digna y cristiana. Sus gestos sacerdotales procedían del amor de Cristo Pastor que busca al hombre necesitado de paz y de perdón, de justicia, de verdad. Todo aquel que reclamaba su presencia sacerdotal (particularmente los enfermos y moribundos cuya atención normalmente requería el recorrido de decenas de kilómetros a caballo) hallaron en él al ministro de Dios siempre dispuesto a servirles hasta el fin: “Yo me felicitaría si Dios me saca de este planeta sentado confesando y predicando el Evangelio”.

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