Nuestra Espiritualidad

SER SACERDOTE NO ES ALGO NORMAL… ES ALGO SOBRENATURAL

 

Con esta expresión, asumida en el gozo de ser llamados a algo diferente, se sintetiza todo un proyecto personal de vida, en el que debe aparecer cada vez más claro cómo nuestra vida de sacerdotes siempre debe estar marcada por la diferencia.

La santidad cristiana fundamentalmente es unión vital con Cristo, el Verbo encarnado, nuestro Redentor, el único mediador entre Dios y los hombres, la fuente de toda gracia y santificación y, por ende, de la verdadera alegría. En ser lo que debemos ser está la plena realización, como lo diría San Pablo en su carta a los Tesalonicenses 4,3.

Ciertamente, nuestra posibilidad de santificación tiene un fundamento  más que solido: la santidad de Cristo, que como Esposo se entregó para ver a su amada Esposa, la Iglesia,  bella, digna de ser presentada ante el Padre.  Por qué hemos de caminar por sendas de santidad? Es la voluntad de nuestro Padre creador, es el logro sublime de nuestro Redentor, es la obra del Dios con nosotros por medio de su Santo Espíritu. Entonces, qué me toca a mí?

Si hay obligación moral en el cristiano común de buscar la santidad, a quien más se le da, más se le pide…. ¡Cuánto más para nosotros sacerdotes ha de haber este empeño!

Nuestra condición sacerdotal responde a un doble llamado a la realización en la santidad: por nuestra condición de bautizado y por el llamado especifico a la vida consagrada, a una vida expresamente diferente, signo de valores reales aunque no plenamente visibles hoy.

Nuestra unión esponsal  con Cristo en la  Iglesia, nos hace especialmente privilegiados de no pocos detalles del amor de Dios, que nos llena de dones, de gracias, de motivos de gozo para tantos hermanos.  Nuestra condición humana es ensalzada, dignificada por tan alta vocación, por tan alta posibilidad de realización auténtica.

Todo  lo que nos corresponde es asumir un estilo de vida en coherencia con lo sobrenatural que somos, con esa nueva y radical condición ontológica que, con nuestra ordenación, se nos ha conferido.   Es aquí donde se encuentra el meollo de la exigencia de santidad, la razón de nuestra ascesis, de nuestra alegría, la exigencia de una vida diferente…

El mundo, nuestros supuestos mejores amigos, quizá no  lo quieren, pero el mundo lo reclama, el hambre de autenticidad, que es innegable en el ser humano, nos lo urge. Arriesguémonos, pues, a ser diferentes, a ser coherentemente alegres en un estilo de  vida que causa extrañeza, pero que es el medio evangelizador más creíble. En un ambiente al que ya los discursos bellos le están cansando y en el que solo acogen vidas que cuestionen, que inciten a algo diferente, constructivo, seamos alegremente  santos en el ejercicio sencillo, generoso de nuestro ministerio y así la vida nos irá regalando más que motivos para sentirnos felices de ser lo que somos… sacerdotes de Cristo, al servicio de la Iglesia llamada a la santidad.

 

JOSE IGNACIO CAPADOR TINJACA

Párroco de la Basílica del Santo Cristo

Villa de San Diego. Ubaté. Colombia