Nuestra Espiritualidad

UN CÓDIGO DE SANTIDAD Y UN TRATADO DE PASTORAL

 

 

La “Regla Pastoral[1], de San Gregorio Magno, aunque está dirigida a la vida y ministerio de los obispos, dá importantes elementos, también, para la pastoral presbiteral, porque en muchas de sus partes habla de los sacerdotes, su contenido es aplicable a ellos y hay un testimonio histórico de haberse convertido esta obra, para todo el clero, durante siglos y hasta nuestros días, tanto en código de santidad como tratado de pastoral.[2]

  • §La “Regla Pastoral” destaca la necesidad de la formación suficiente y adecuada para tener la madurez, la sabiduría y la experiencia con la cual se pueda acceder al ministerio (primera parte).
  • §Resulta magistral e indicativa para la pastoral presbiteral la descripción de las cualidades del pastor de las almas: ”Es por ello necesario que sea limpio en sus pensamientos, el primero en obrar, discreto en el silencio, útil en hablar, prójimo de cada uno en la compasión, dado a la contemplación más que otro alguno, humilde compañero de los que obran bien, firme en velar por la justicia contra los vicios de los que delinquen, sin disminuir el cuidado de las cosas interiores por las ocupaciones exteriores ni dejar de proveer a lo exterior por la solicitud de lo interior”[3] No debe poner todo su afán en complacer a los hombres; mas, con todo, debe atender a con qué fin los debe agradar;  debe, precavido, saber que muchas veces los vicios se muestran falazmente como virtudes; ser discreto en la corrección y en el disimulo, y en la ira y en la mansedumbre; meditar con empeño la santa Ley.[4] Esto lo enuncia San Gregorio en la siguiente forma:
    • §”El prelado debe distinguir con agudo juicio lo bueno y lo malo y meditar solícito en qué cosas y a quiénes, y cuándo, y cómo convengan; y, además, no buscar su propio interés, sino tener por suyos los bienes de los demás”.[5]
    • §Se tendría que ayudar a que el prelado sea siempre el primero en el obrar, para con su ejemplo, mostrar a sus súbditos el camino de la vida, y para que la grey que sigue la voz y costumbres del pastor camine guiada por los ejemplos más bien que por las palabras…” [6]
    • §“El prelado sea discreto en el silencio y útil cuando hable, de modo que ni diga lo que se debe callar ni calle lo que se debe decir; porque así como el hablar imprudente conduce al error, así también el silencio indiscreto deja en el error a los que podían ser instruidos…”.[7]
    • §“El prelado sea prójimo de cada uno por la compasión y aventaje a todos en la contemplación; esto es, con sus entrañas de piedad haga suyas las dolencias de los otros, y que, elevándose a las alturas de la contemplación, se sobreponga también a sí mismo deseando las cosas invisibles; de manera que ni por aspirar a lo celestial desatienda las flaquezas de los prójimos, ni por atender a las debilidades de los prójimos deje de aspirar a lo celeste”.[8]
    • §Que el prelado se familiarice humildemente con los que obran el bien y se yerga por celo de la justicia contra los vicios de los delincuentes; de manera que en nada se tenga por más que los buenos ( …) y no tema ejercitar contra los perversos los derechos de su potestad.”[9]
    • §Respecto de la armonía y unidad de vida y ministerio: “No debe disminuir el prelado el cuidado de las cosas interiores por atender a las exteriores, ni abandonar la provisión de lo exterior por la solicitud de las interiores, no sea que entregado a las cosas exteriores decaiga en las interiores, o bien, ocupado solamente de las interiores, no procure a los prójimos las exteriores que debe, pues, muchas veces algunos, olvidándose de que son prelados por causa de las almas de los hermanos, con todo el ardor de su corazón se consagran a los cuidados seculares y se engríen de hacer estas cosas cuando ocurren, y también, cuando no ocurren, las procuran, inventándolas febrilmente de día y de noche; con lo cual, cuando descansan de estas porque acaso no ocurren con oportunidad, se fatigan más perniciosamente con su misma quietud, pues consideran como un placer estar agobiados de ocupaciones …Y así sucede que, gozándose en verse urgidos por las agitaciones humanas, se olvidan de las cosas interiores que debieran enseñar a los otros”[10] …”Es necesario que el prelado pueda infundir en el pensamiento las cosas espirituales y proveer a las materiales no perniciosas. Aviven, pues, los pastores los deseos espirituales de los súbditos, pero de modo que en ellos muestren también su providencia por la vida material…”[11]
    • §Respecto del ministerio del prelado, enseña que” todo maestro para formar a todos en una sola virtud, la de la caridad, debe llegar al corazón de los oyentes con una sola doctrina, es verdad, pero no con una misma exhortación”[12].
    • §A los prelados, la exhortación habrá de ser para que no los engría el puesto elevado, para que no manden hacer más de lo justo, para que presidan con moderación, para que no provoque la ira de sus súbditos. Para que ofrezcan a sus súbditos ejemplos de bien vivir. Amonestarlos para que no sean juzgados de los yerros de los súbditos; y cuiden de los otros de tal modo que no dejen de atender a sí mismos. Exhortarlos a que tengan ojos vigilantes por dentro y por fuera… para que procuren agradar al Juez interior y a sí mismos y que, además de dar exteriormente ejemplos de vida, conozcan lo que en los otros deben corregir”[13]
    • §A cualquier predicador se le oiga en las obras más que en las palabras; y viviendo él bien deje impresas las huellas para que le sigan; es decir, que, más bien obrando que hablando, muestre por donde se debe caminar”[14]
    • §Finalmente, nos muestra que esta renovación del prelado es tarea permanente: “Y porque muchas veces Dios omnipotente, si bien perfecciona en muchas cosas las almas de los rectores, sin embargo, las deja en parte algo imperfectas, precisamente para que, cuando brillan radiantes en muchas virtudes, se requemen con la pesadumbre de su imperfección y no se gloríen de grandes, y para que, viendo que todavía luchan perseverantes contra los defectos pequeños, pero que no acaban  de vencer, no se atrevan a ensoberbecerse e sus principales actos”[15]


[1] OBRAS DE SAN GREGORIO MAGNO (1958), Madrid: BAC.

[2] Ibid, Introducción general, p. 38, en donde se describe su difusión e influencia aún en Concilios.

[3] Ibid, p. 122, que desarrolla en los capítulos I a VII, de la Parte II.

[4][4] Ibid, cap VIII a XI.

[5] Ibid, Segunda parte, cap.II, p. 123.

[6] Ibid, Segunda parte, cap.IV, p. 124.

[7] Ibid, Segunda parte, cap.V, p. 126.

[8] Ibid, Segunda parte, cap.VI, p. 128.

[9] Ibid, Segunda parte, cap.VII, p. 130.

[10] Ibid, Segunda parte, cap.VII, p. 135.

[11] Ibid, Segunda parte, cap.VII,  p. 138.

[12] Ibid, Tercera parte, cap.VII, p. 148 - 229. San Gregorio,  en esta III Parte, describe elementos para la exhortación a 36 tipos de personas o situaciones. Entre ellas, para la pastoral presbiteral son particularmente importantes: de un modo se debe exhortar a los súbditos y de otro a los prelados (cap IV).

[13] Ibid, Tercera parte, Cap IV, p. 154.

[14] Ibid, Tercera parte, cap XL, p. 230.

[15] Ibid, p. 232 – 233.