Nuestra Espiritualidad

PRESBÍTEROS, DISCÍPULOS PASTORES

En Aparecida, tenemos descrito un perfil de Presbítero discípulo - misionero, que muestran lo que se desea que el Presbítero sea, viva y haga. Integro, entonces, esos elementos los describo en tiempo presente, como un ideal que se va logrando progresivamente.

El Presbítero “Discípulo – Pastor”:

  • Se considera a sí mismo como un don para la comunidad, por la unción del Espíritu y por su especial unión con Cristo cabeza. (DA, 193).
  • Es Presbítero – discípulo, que tiene una profunda experiencia de Dios, configurado con el corazón del Buen Pastor, dócil a las mociones del Espíritu, que se nutre de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración (DA 199); 
  • Es Presbítero misionero, movido por la caridad pastoral, que lo lleva a cuidar el rebaño a ellos confiado y a buscar a los más alejados predicando la Palabra de Dios, siempre en profunda comunión con su Obispo, con los presbíteros, con los diáconos, religiosos, religiosas y laicos (DA 199).
  • Es Presbítero servidor de la vida: que está atento a las necesidades de los más pobres, comprometido en la defensa de los derechos de los más débiles y promotor de la cultura de la solidaridad; lleno de misericordia, disponible también para administrar el sacramento de la reconciliación (DA 199).
  • La caridad pastoral, fuente de la espiritualidad sacerdotal, anima y unifica su vida y ministerio (DA 198).
  • Es hombre de oración, maduro en su elección de vida por Dios, hace uso de los medios de perseverancia, como el Sacramento de la confesión, la devoción a la Santísima Virgen, la mortificación y la entrega apasionada a su misión pastoral” (DA 195).
  • Valora, como un don de Dios, el celibato que le posibilita una especial configuración con el estilo de vida del propio Cristo y lo hace signo de su caridad pastoral en la entrega a Dios y a los hombres con corazón pleno e indiviso. (Aparecida 196).
  • Es consciente de sus limitaciones, valora la pastoral orgánica y se inserta con gusto en su presbiterio (DA 198). 
  • Ama y realiza su tarea pastoral en comunión con el obispo y con los demás presbíteros de la diócesis. El ministerio sacerdotal que brota del Orden Sagrado tiene una “radical forma comunitaria” y sólo puede ser desarrollado como una “tarea colectiva”. (DA 195).
  • Es hombre de la misericordia y la compasión, a imagen del Buen Pastor. (DA 198).
  • Es cercano a su pueblo y servidor de todos, particularmente de los que sufren grandes necesidades. (DA 198).
  • Tiene una mayor apertura de mentalidad para entender y acoger el “ser” y el “hacer” del laico en la Iglesia (DA 213). 
  • Tiene nuevas actitudes pastorales para acompañar el aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo, mediante la iniciación cristiana (DA 291).
  • Si es párroco: 
  • Sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. (DA 201)
  • Pero, al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración” (DA 201).

Julio D. Botía