Compartamos

Del Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, n.  107.

107. El Obispo, por amplia y necesitada de solicitud pastoral que sea la porción del Pueblo de Dios que le ha sido encomendada, debe prestar una atención del todo particular en lo que se refiere a la formación permanente de sus presbíteros [429]. 

Existe, en efecto, una relación especial entre estos y el Obispo, debido al «hecho que los presbíteros reciben a través de él su sacerdocio y comparten con él la solicitud pastoral por el Pueblo de Dios» [430]. Eso determina también que el Obispo tenga responsabilidades específicas en el campo de la formación sacerdotal. De hecho, el Obispo debe tener una actitud de Padre respecto a sus sacerdotes, comenzando por los seminaristas, evitando una lejanía o un estilo personal propio de un simple “empleador”. En virtud de su función, siempre debe mostrarse cercano a sus presbíteros, fácilmente accesible: su primera preocupación deben ser sus sacerdotes, es decir, los colaboradores en su ministerio episcopal.

 Tales responsabilidades se expresan tanto en relación con cada uno de los presbíteros —para quienes la formación debe ser lo más personalizada posible—, como en relación con el conjunto de todos los que forman el presbiterio diocesano. En este sentido, el Obispo cultivará con empeño la comunicación y la comunión entre los presbíteros, teniendo cuidado, en particular, de custodiar y promover la verdadera índole de la formación permanente, educar sus conciencias acerca de su importancia y necesidad y, finalmente, programarla y organizarla, estableciendo un plan de formación con las estructuras necesarias y las personas adecuadas para llevarlo a cabo [431]. Al ocuparse de la formación de sus sacerdotes, es necesario que el Obispo se comprometa con su propia y personal formación permanente. La experiencia enseña que, en la medida en que el Obispo está más convencido y empeñado en la propia formación, tanto más sabrá estimular y sostener la de su presbiterio. En esta delicada tarea, aunque el Obispo desempeñe un papel insustituible e indelegable, sabrá pedir la colaboración del Consejo presbiteral que, por su naturaleza y finalidades, es el organismo idóneo para ayudarlo especialmente en lo que se refiere, por ejemplo, a la elaboración del plan de formación.

 Todo Obispo, pues, se sentirá sostenido y ayudado en su tarea por sus hermanos en el Episcopado, reunidos en Conferencia [432].

 

NOTAS

[429] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Christus Dominus, 16; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores gregis, 47.[430] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 79.

[431] Cfr. ibid.
[432] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Optatam totius, 22; S. Congrega-ción para la Educación Católica, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis (19 de marzo de 1985), 101.

 

PARA IR A LO CONCRETO

 

1. ¿Cuáles pasos nos conviene dar para mejorar nuestra comunión y ayuda fraternas con nuestro Obispo?

2. ¿Cómo podríamos ayudar su servicio a los sacerdotes?

3. Hagámole una buena visita de amistad.