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COMUNIÓN EN LA ACTIVIDAD MINISTERIAL

papa y sacerdotesTomado del Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, Nueva edición, 33

33. Cada presbítero ha de tener un profundo, humilde y filial vínculo de obediencia y de caridad con la persona del Santo Padre y debe adherir a su ministerio petrino de magisterio, de santificación y de gobierno, con docilidad ejemplar [129].

También la unión filial con el propio Obispo es una condición indispensable para la eficacia del propio ministerio sacerdotal. Para los pastores más expertos, es fácil constatar la necesidad de evitar toda forma de subjetivismo en el ejercicio de su ministerio, y de adherir corresponsablemente a los programas pastorales. Esta adhesión, que conlleva proceder de acuerdo con la mente del Obispo, además de ser expresión de madurez, contribuye a edificar la unidad en la comunión, que es indispensable para la obra de la evangelización [130].

Respetando plenamente la subordinación jerárquica, el presbítero ha de ser promotor de una relación afable con el propio Obispo, lleno de sincera confianza, de amistad cordial, de oración por su persona y sus intenciones, de un verdadero esfuerzo de armonía, y de una convergencia ideal y programática, que no quita nada a una inteligente capacidad de iniciativa personal y empuje pastoral [131].

Con vistas al propio crecimiento espiritual y pastoral, y por amor de su rebaño, el sacerdote debería acoger con gratitud, e incluso buscar con regularidad, directrices de parte de su Obispo o sus representantes para el desarrollo de su ministerio pastoral. Asimismo, es una práctica de admirar pedir el parecer de los sacerdotes más expertos y de los laicos calificados acerca de los métodos pastorales más adecuados.

NOTAS

[129] Cfr. C.I.C. can. 273.

[130] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 15; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 65; 79.

[131] S. Ignacio de Antioquía, Ad Ephesios, XX 1-2: «[...] Si el Señor me revelara que cada uno por su cuenta y todos juntos [...] vosotros estáis unidos de corazón en una inquebrantable sumisión al Obispo y al presbiterio, partiendo el único pan, que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo»: Patres Apostolici; ed. F.X. FUNK, II, 203-205.

PARA IR A LO CONCRETO

  1. Cuáles ventajas tiene el vivir y trabajar aislados? Cuáles el vivir y trabajar en comunión fraterna?
  2. Cuáles pasos podríamos dar para mejorar nuestra comunión pastoral con nuestro obispo y con los compañeros de trabajo?
  3. Compartámosle nuestras conclusiones a algún hermano sacerdote que se encuentre agobiado, desanimado y hasta desconfiado de que se pueda vivir la fraternidad.