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COMUNIÓN SACERDOTAL

padreTomado del Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, DMVP2, 29, 30, 31, 32

Comunión con la Trinidad y con Cristo

29. A la luz de todo lo ya dicho acerca de la identidad sacerdotal, la comunión del sacerdote se realiza, sobre todo, con el Padre, origen último de toda su potestad; con el Hijo, de cuya misión redentora participa; y con el Espíritu Santo, que le da la fuerza para vivir y realizar la caridad pastoral que, como «principio interior y virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero» [118], lo cualifica como sacerdote. Una caridad pastoral que, lejos de reducirse a un conjunto de técnicas y métodos dirigidos a la eficiencia funcional del ministerio, más bien hace referencia a la naturaleza propia de la misión de la Iglesia finalizada a la salvación de la humanidad.

Así «no se puede definir la naturaleza y la misión del sacerdocio ministerial si no es desde este multiforme y rico entramado de relaciones que brotan de la Santísima Trinidad y se prolongan en la comunión de la Iglesia, como signo, en Cristo, de la unión con Dios y de la unidad de todo el género humano» [119].

Comunión con la Iglesia

30. De esta fundamental unión-comunión con Cristo y con la Trinidad deriva, para el presbítero, su comunión-relación con la Iglesia en sus aspectos de misterio y de comunidad eclesial [120].

Concretamente, la comunión eclesial del presbítero se realiza de diversos modos. Con la ordenación sacramental, en efecto, el presbítero entabla vínculos especiales con el Papa, con el Cuerpo episcopal, con el propio Obispo, con los demás presbíteros y con los fieles laicos.

Comunión jerárquica

31. La comunión, como característica del sacerdocio, se funda en la unicidad de la Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, que es Cristo [121].

En esta comunión ministerial toman forma también algunos precisos vínculos en relación, sobre todo, con el Papa, con el Colegio Episcopal y con el propio Obispo. «No se da ministerio sacerdotal sino en la comunión con el Sumo Pontífice y con el Colegio Episcopal, en particular con el propio Obispo diocesano, a los que se han de reservar el respeto filial y la obediencia prometidos en el rito de la ordenación» [122]. Se trata, pues, de una comunión jerárquica, es decir, de una comunión en la jerarquía tal como ella está internamente estructurada.

En virtud de la participación, en grado subordinado a los Obispos —que son investidos de potestad «propia, ordinaria e inmediata, aunque su ejercicio esté regulado en definitiva por la suprema autoridad de la Iglesia» [123]—, en el único sacerdocio ministerial, dicha comunión implica también el vínculo espiritual y orgánico-estructural de los presbíteros con todo el orden de los Obispos y con el Romano Pontífice. A su vez, esto se refuerza por el hecho de que todo el orden de los Obispos en su conjunto y cada uno de los Obispos en particular debe estar en comunión jerárquica con la Cabeza del Colegio [124]. Tal Colegio, en efecto, está constituido sólo por los Obispos consagrados, que están en comunión jerárquica con la Cabeza y con los miembros de dicho Colegio.

Comunión en la celebración eucarística

32. La comunión jerárquica se encuentra expresada en significativamente en la plegaria eucarística, cuando el sacerdote, al rezar por el Papa, el Colegio episcopal y el propio Obispo, no expresa sólo un sentimiento de devoción, sino que da testimonio de la autenticidad de su celebración [125].

También la concelebración eucarística, en las circunstancias y condiciones previstas [126], cuando está presidida por el Obispo y con la participación de los fieles, manifiesta admirablemente la unidad del sacerdocio de Cristo en la pluralidad de sus ministros, así como la unidad del sacrificio y del Pueblo de Dios [127]. La concelebración ayuda, además, a consolidar la fraternidad sacramental existente entre los presbíteros [128].

NOTAS

[118] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 23.

[119] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 12; Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 1.

[120] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 8.

[121] Cfr. S. Agustín, Sermo 46, 30: CCL 41, 555-557.

[122] Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 28.

[123] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 27.

[124] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 22; Decr. Christus Dominus, 4; C.I.C., can. 336.

[125] Cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta acerca de la Iglesia como comunión Communionis notio, 14: l.c., 847.

[126]Cfr. C.I.C., can. 902; S. Congregación para los Sacramentos y el Culto divino, Decr. part. Promulgato Codice (12 de septiembre de 1983), II, I, 153: Notitiae 19 (1983), 542.

[127] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Summa theol., III, q. 82, a. 2 ad 2; Sent. IV, d. 13, q. 1, a 2, q 2; Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 41, 57.

[128] Cfr. S. Congregación de los Ritos, Instrucción Eucharisticum Mysterium (25 de mayo de 1967), 47: AAS 59 (1967), 565-566.

PARA DIALOGAR CON HERMANOS SACERDOTES

  1. 1.¿Cómo ponernos en mayor comunión con Dios trino para poder vivir la comunión con nuestros hermanos?
  2. 2.¿Qué ventajas y desventajas tiene el vivir efectivamente la fraternidad con los hermanos sacerdotes?
  3. 3.¿Qué medios utilizar para hacer crecer nuestra comunión con toda la Iglesia?