REAVIVAR EL FUEGO

firmezainteriorQué dicha sentirse animado, con el entusiasmo que teníamos el día de la ordenación sacerdotal. Ese fuego se puede volver a encender, la fuerza se puede recuperar, el compromiso se puede renovar con alegría. ¿Verdad?

Recién ordenados queríamos salvar el mundo y para ello trabajábamos sin pausa y con grandes ilusiones. Después, por diversos motivos, nos fuimos apagando, no porque nos faltasen fuerzas, sino porque nos faltó algo más en el corazón. Por ello, hay hermanos desanimados, que viven con mediocridad y tristeza su vida, se cansan con poco, no los motiva el ministerio pastoral y, a veces, ello los deprime. ¿Conoces alguno?

Lo mejor es que en cualquier edad, podemos recuperar el primer amor. No importa que, con el pasar de los años, se hayan metido la rutina y la monotonía en nuestro ministerio y ello haga pesada nuestra vida. Ni importa que se nos presenten dificultades que nos hagan sentir pereza para servir y para vivir. Tampoco importa que tengamos dificultades con nuestro Superior, o con la comunidad, o con el ambiente secularizado. O que tengamos problemas que parece que no tienen solución. Nuestro rostro triste puede volver a sonreír. El corazón puede renovar el amor. El fuego se puede volver a encender. Ni siquiera lo impiden las dificultades internas que se nos presentan.

Es lo que Pablo le dice a Timoteo: “Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos” (2 Tim 1, 6). El don recibido se puede reavivar, por la acción del Espíritu Santo, con la colaboración nuestra. Es encender, mantener y acrecentar la caridad pastoral como virtud, capacidad, disposición, fuego y fuerza para ser, vivir y obrar como pastores.

¿Qué podemos hacer por un hermano triste y desanimado?

ü  Ante todo, acompañarlo fraternalmente, comprendiéndolo y sembrando en él alegría y esperanza.

ü  Ayudarlo a que se acerque más a la fuente del amor de Dios, en donde encuentra respuestas y ayuda para sus dificultades. Le motivamos a llevar su cruz con Jesús y como Jesús.

ü  Ayudarle a conocer las causas de su desánimo y a afrontarlas aprovechando los recursos personales, de la Diócesis y de otras Instituciones.

ü  Compartir con él para ayudarle a recuperar las motivaciones de su vida, vocación y misión.

ü  Caminar con él para crecer en la caridad pastoral, don de Dios que nos renueva continuamente.

Qué dicha encender nuestro amor y reavivar la caridad pastoral en un hermano. ¡Hagámoslo!

Julio