ERES REGALO DE DIOS

fraternidad4En mi Comunidad, y ante las demás personas, yo no solo recibo a cada uno como “regalo de Dios”, sino que soy un “regalo de Dios” para mi hermano. He recibido vida y dones de Dios para ponerlos al servicio de los hermanos. Soy como un canal para que esos dones lleguen a los otros hermanos, soy como un puente para que Dios pase hacia mi hermano y para que mi hermano vaya hacia Dios. ¿Verdad?

Por amor a Dios que me envía a compartir, por la necesidad de mi hermano y porque es camino para que yo reciba nuevas bendiciones, paso de las palabras a la práctica, de recibir el regalo e Dios a darme como regalo de Dios, paso al compartir fraterno, hago efectivo mi amor fraterno en el servicio al hermano. Me sacrifico para servir a mi hermano, como el grano de trigo que si cae en tierra y muere da mucho fruto (Cf Jn 12, 24 – 25); si se va entregando en servicio, poco a poco, con un amor hasta el extremo (cf. Jn 13, 1).  Yo crezco sirviendo. El trigo amontonado se pudre.

Lo que doy, lo que sirvo, es más don de Dios, que mío. Concretamente, por amor a Dios y a mi hermano, paso a ayudarlo generosamente con todo lo que soy y con lo positivo que hago y que tengo. Lo ayudo a que progrese como Dios quiere y como él necesita, según su situación y misión.  Doy sin esperar que él me dé lo equivalente. Le comparto con el fin de que él libremente le comparta a otros y, eventualmente a mí. Mi alegría está en ver progresar a mi hermano, sin esperar que él haga mi voluntad, o que me dé la recompensa.  Supero el sentido de competencia y de una justicia sin misericordia (Mt 20,26-28) y me hago servidor de todos, regalo de Dios, buen samaritano para tener misericordia con cada hermano (Lc 11,29-37). Es el camino para transformarme y para transformar el mundo.

Compartamos este mensaje con dos hermanos y esforcémonos en ser regalo de Dios para ellos.

Julio