EL MOTOR Y LA META

grupogente¿Cómo te va? Siempre respondemos que nos va bien, pero nos queda la sensación de que no nos preguntan solo por nuestra situación personal en la parroquia sino por la calidad y los frutos del proceso evangelizador que estamos adelantando en ella. Desde luego, para respondernos esta pregunta necesitaríamos ver todas las dimensiones de nuestro ministerio y la participación de los fieles en la comunidad. 

Parte de nuestra misión de presbíteros, es ese ministerio de la comunión, respecto del cual la Iglesia dice: “Rigiendo y apacentando el Pueblo de Dios, se ven impulsados por la caridad del Buen Pastor a entregar su vida por sus ovejas, preparados también para el sacrificio supremo, siguiendo el ejemplo de los sacerdotes que incluso en nuestros días no han rehusado entregar su vida…”P.O, 13). En los recientes documentos eclesiales se nos indica que el camino, el motor y la meta en la evangelización es el formar y ayudar a madurar pequeñas comunidades eclesiales, En Aparecida, la opción evangelizadora fundamental fué la de trabajar para tener más y mejores discípulos misioneros y más y mejores comunidades de discípulos misioneros. En ese contexto, reconocemos que el fruto de todos las actividades parroquiales se muestra en los discípulos misioneros que tengamos y en la cantidad y calidad de las pequeñas comunidades eclesiales que estén consolidándose. Por eso, deseamos tener muchas comunidades eclesiales unidas en la gran comunidad; tener una red de comunidades, una comunidad de comunidades, una comunión de comunidades. Qué dicha lograr que cada familia y cada grupo se conviertan en una comunidad de discípulos misioneros.

Con este ministerio de comunión nos unimos más al Buen Pastor que sigue cuidando de sus ovejas; además, el trabajar por la comunión y por las comunidades aviva en nosotros la caridad pastoral, con la cual el Señor nos bendice para saber afrontar las dificultades y guiar las comunidades en su fe cristiana; es un ministerio que, también, nos configura con los sentimientos y actitudes del Buen Pastor, especialmente con su ternura, paciencia, misericordia, servicio y amor hasta el extremo de dar su vida por todos.

Démosle gracias a Dios por los pasos que ya hemos dado en este ministerio de comunión y demos ánimo a otros hermanos que sienten dificultades en su comunidad.

Julio