CADA HORA

lamparaDa gusto ver la piedad con la cual muchos hermanos celebran la Liturgia de la Horas. Por otra parte, da dolor encontrar hermanos que desde hace años han dejado de celebrarla, o apenas hacen laudes y vísperas a la carrera. Es cierto que por diversos motivos nos puede entrar la rutina y la pérdida de motivación para rezarla, pero hay mayores motivos para recuperarnos y nutrirnos con ella.

Lo primero que nos ayuda es reconocer que la Liturgia de las Horas es Liturgia, por tanto, acción de Dios y del Pueblo de Dios. Al celebrarla, la Iglesia se une al ejercicio del sacerdocio de Cristo. Al tener presente esto, valoramos mejor el que se nos encomienda celebrarla como parte de nuestro ministerio pastoral. Lo hacemos con Jesús, en el Espíritu, para el Padre, en nombre del Pueblo de Dios. Es el servicio de amar nuestra comunidad eclesial orando por ella.

Mirando nuestra realidad personal de pastores, en la Liturgia de las Horas tenemos un espacio privilegiado de oración y de alimento, que podemos aprovechar más. Es la oración de la Iglesia, que hacemos con ella y por ella. Es la oración en la cual casi todo lo hacemos con la misma Palabra de Dios, en los salmos, la lectura, el padre nuestro. Fuera de eso, es oración en la que podemos unirnos a la acción de gracias, o a la alabanza que se nos propone, o a la súplica de perdón por los pecados de la comunidad, o a las peticiones que tienen que ver con nuestras necesidades, con las de la Iglesia y con las del mundo.

Podemos hacer nuestro discipulado con la Liturgia de las Horas. Allí escuchamos la Palabra y recibimos los dones para ponerla en práctica, con la oración y con los servicios que realizamos animados por ella. 

Desde luego, eso supone que la hagamos movidos por el amor del Buen Pastor, de corazón, en el Espíritu de Cristo. Todo lo anterior, nos anima a superar tentaciones de hacer la Liturgia de las Horas a la carrera, o solo por obligación moral, como una carga, o de manera mecánica y rutinaria. Nos ayudará prepararnos bien para ella. Entrar en comunión con Jesús, invocar el Espíritu Santo y abrir el corazón para orar con gusto por uno mismo y por los hermanos.

Celebrando bien cada hora y toda la Liturgia de las Horas conseguiremos dar pasos para avanzar en el camino de la santidad. Con la Liturgia de las Horas bien celebrada:

  • Nos unimos más a Cristo, con quien oramos y a quien dejamos que ore en nosotros por su Iglesia.
  • Se aviva nuestra caridad pastoral, con el alimento de la Palabra y de la oración que contiene.
  • Nos configuramos más con Cristo que ora al Padre y permanece en Él.

Leamos, de nuevo, la Ordenación general de la Liturgia de las Horas (Al inicio del tomo I) y esforcémonos, desde mañana, por celebrar y nutrirnos, de manera renovada, de nuestra Liturgia de las Horas. Que tengas muchos frutos y bendiciones en ella.

Julio