¿KERIGMA, YO?

16 2Es nuestra primera tarea como ministros de la Palabra: hacer el anuncio fundamental de que el Hijo de Dios se encarnó, por obra del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien, padeció, murió y resucitó para la salvación de todos. Ante ello, hemos de ir a la conversión y a la fe en él (Cf. Jn 3, 16). Decirlo, no es difícil, saberlo es más exigente; y entre saberlo, experimentarlo, vivirlo y testificarlo hay su gran diferencia. Tal vez, por ello, el Papa dice que de algunos sacerdotes no se sabe si son cristianos, no se ve cuánta fe tengan. Se trata de la experiencia personal, real, de vivir con Jesús nuestro salvador.

Creer, vivir, experimentar y anunciar a Jesús resucitado, verdaderamente, ilumina y dinamiza nuestro ministerio. En estos últimos meses ¿a cuántos has anunciado el kerigma?

¿Cuántas veces, te han anunciado el kerigma? Porque, la Iglesia misma reconoce que los sacerdotes necesitamos de una evangelización kerigmática. Necesitamos recibir, asimilar y vivir ese anuncio fundante de Cristo nuestro salvador. Muchos de los problemas que se nos presentan tienen su raíz en la debilidad de nuestra fe personal. Muchos de ellos se resuelven fortaleciéndola con la vivencia del kerigma. ¿Verdad?

Así, lo del kerigma es importantísimo no solo para nuestro ministerio, sino para nuestra propia vida. Nos ayuda a unirnos más a Dios, aviva nuestra caridad pastoral y nos configura mejor con el Buen Pastor. El Kerigma ayuda mucho nuestra santificación personal.

Aprovechemos los retiros espirituales y las múltiples formas como hoy se anuncia el kerigma. Dejemos que el Espíritu Santo re- siembre en nosotros el kerigma y con ello haga crecer nuestra fe en obras y palabras. Oremos los unos por los otros para que ello se haga realidad en todos.

Multipliquemos en nuestro ministerio el anuncio del kerigma, para cosechar los mejores frutos.

¡Hagámoslo!

Julio