A ELLOS MÁS

rostroJesús vino a servir y a dar la vida en rescate por muchos. ¿Por quiénes? ¿Cuál misión nos encomendó? Jesús nos enseñó cómo se da la propia vida por todas las ovejas y cómo ir a buscar la oveja perdida, o las ovejas que todavía no están en su rebaño (Cf. Jn 10, 11 - 16).

La Iglesia reconoce que todos los cristianos fuimos enviados a todas las gentes a hacer discípulos (para Jesús) (Cf. Mt 28, 19 – 20). Y reafirma que la actividad primaria, primordial, esencial y ejemplar de la Iglesia es la llamada con tres nombres: primera evangelización, o actividad misionera de la Iglesia, o misión ad gentes (Redemptoris Missio, 21, 31, 32, 34, 37), con la cual se anuncia el Evangelio a los no cristianos, en donde Cristo y su Evangelio no son conocidos, entre los que la Iglesia no ha arraigado todavía (Ibid, 34). ¿A cuántos de ellos he anunciado el Evangelio?

Si soy sacerdote, ese amor de Buen Pastor lo manifiesto reconociendo que mi misión es universal, no solo local en mi diócesis; sintiendo con la Iglesia; y ofreciendo mi disponibilidad personal para cooperar en la evangelización universal (Cf. PO, 10). La Iglesia nos pide salir de nuestras casas y estructuras, hacia las periferias, para sembrar el Evangelio (Cf. Evangelii Gaudium, 20).

Si en mi parroquia hay no cristianos, con caridad pastoral y con respeto, dedico lo mejor de mi tiempo y de mi esfuerzo pastoral a encontrarlos, a compartir con ellos vida, fraternidad y anuncio del Evangelio. Es Dios quien ha dado su vida, también, por ellos. Además, ellos tienen derecho y necesidad del anuncio salvador. En ese servicio mostramos más nuestra fe y cumplimos lo más importante de nuestra misión. Hay que salir a encontrarlos en la parroquia y más allá de sus fronteras. Además, hemos de cooperar, personal y comunitariamente, a la primera evangelización que hace la Iglesia en regiones en donde los no cristianos son la mayoría.

En mi Parroquia, o en mi Comunidad eclesial, con mi testimonio misionero y con otros medios, ayudo a que mi comunidad sea muy misionera y lo demuestre en su generosa y continua cooperación espiritual, económica y con misioneros para la evangelización universal. Es el mejor fruto de nuestra evangelización. ¿Verdad?

Compartamos con nuestra Comunidad sobre esta misión que nos encomienda Jesús y ayudémonos a dar pasos concretos para cumplirla cada día. ¡Hagámoslo!

Julio