UN SÍ PARA SIEMPRE

matrimonioComo Iglesia una de nuestras tareas más importantes es acompañar las parejas, tanto de novios como de matrimonios. conocemos las crisis que hoy golpean a tantos matrimonios y familias y la necesidad urgente de crear nuevos espacios para poder orientar, guiar y acompañar tantas situaciones que se viven en nuestras sociedades. La experiencia de aquellos que hemos tenido la fortuna de experimentar el amor, el cuidado, la educación y el apoyo de unos padres que permaneciendo fieles a su “sí” en el matrimonio, se han entregado generosamente para que fuéramos personas de bien y pudiéramos de manera consciente y madura responder al llamado que el Señor no hizo al sacerdocio, nos debe motivar a trabajar por la evangelización de los jóvenes y las familias. Estamos firmemente persuadidos que la principal e insustituible escuela de los valores humanos y cristianos es la familia, también estamos convencidos que es en ese núcleo familiar, que tiene como base el matrimonio, donde surgen a la luz del ejemplo y el testimonio cristiano vocaciones al sacerdocio y a la vida matrimonial con una estructura de criterios más completa, fuerte y vivencial. En una sociedad, donde los poderes económicos y sus medios de comunicación quieren tener cada vez un mayor control en las personas y en sus decisiones; donde se ataca tanto la institución matrimonial y familiar, precisamente para quitar solidez moral a la conciencia individual y colectiva; donde las personas cada vez se sienten menos dispuestas, incluso incapaces, para asumir compromisos serios y definitivos; es en esta sociedad donde tienen un papel esencial la Iglesia y el sacerdote, para ayudar a reencontrar en el matrimonio y en la familia el plan de Dios, creador y salvador; volver a encontrar en el sí de Dios por la humanidad, manifestado en Cristo, ese sí definitivo que es “fundamento ejemplar” del sí que da el sacerdote a Dios y del sí que se dan los esposos en el matrimonio; un sí que nace del amor puesto por el Espíritu en los corazones.

Queridos hermanos, nosotros estamos llamados a ser testimonio viviente de ese sí, con nuestra fidelidad, con nuestra entrega, con nuestra alegría. Renovemos diariamente en la oración ese sí al Señor, a la Iglesia, a nuestro ministerio. Que los jóvenes y las familias puedan encontrar a través de nosotros que el amor fiel y definitivo es posible…

Julio