DISCÍPULOS CON LA PALABRA

biblia2Dios nos ha dado en la Iglesia el ministerio de la Palabra para anunciar su kerygma, catequizar, predicar, educar permanentemente la fe, aconsejar y dar testimonio de nuestra fe. En cada una de estas tareas, tenemos la Palabra como alimento fundamental para los hermanos y para nosotros mismos. La semilla producirá abundantes frutos a condición de que el terreno sea bueno para la semilla, de que se siga cuidando de ella y de que se coseche bien (Cf. Mt 13, 4 - 23). Es el camino del hombre sensato, del verdadero discípulo, que escucha esa Palabra de Jesús y la pone en práctica (Cf. Mt 7, 24 - 27). Es el mismo camino que nos señalaron cuando nos entregaron el Evangelio el día de la ordenación: medita lo que lees, vive lo que meditas, enseña lo que vives. En últimas, antes que Maestros, siempre hemos de ser Discípulos con la Palabra.

La Iglesia nos indica que para hacer una homilía, o una catequesis, o para aprovechar personalmente la Palabra, hay que hacer siempre ese discipulado, con cinco pasos (Cf. Verbum Domini, 87): Primero, escuchar bien la Palabra, sin afanes, dos veces, habiendo invocado al Espíritu; segundo, meditar la Palabra buscando comprender qué dice Dios en el texto y qué me dice, o nos dice, hoy y aquí; tercero, orar la Palabra, dialogando con Jesús que nos está diciendo su Palabra y a quien en oración le damos gracias, o le presentamos alguna súplica, o le manifestamos otra cosa desde nuestro corazón; cuarto, vivir la Palabra, determinando los pasos que voy a dar para ponerla en práctica en mi vida personal; quinto, saliendo a anunciar esa Palabra a otros hermanos, con palabras, servicios, o de otras maneras.

Este discipulado, con los cinco pasos, es para hacerlo todos los días. Algunos lo hacen con el texto del Evangelio del día y se les mejora muchísimo la homilía. Aumentan los hermanos sacerdotes que se juntan semanalmente a hacerlo, en preparación a la homilía dominical. Es una dicha y una maravilla el crecimiento que nos da este discipulado con la Palabra. ¿Verdad? Nos trae abundante sabiduría, fortaleza y amor de Dios. Renueva nuestra vida y ministerio.

Animémonos a hacer personalmente y con otros hermanos, este discipulado con la Palabra. Compartámoslo con otros hermanos y promovámoslo en nuestra comunidad. Que tengan muchos frutos.

Julio