CON TODO LO QUE SOY

Brazos ante DiosHaciendo discipulado se aprende y se crece. Hoy compartimos cómo hacer el discipulado con nuestra historia, con nuestra realidad personal y con lo que tenemos. La clave, como lo hemos compartido, es discernir el “para qué” de lo que sucede, el sentido de lo que vivimos.

Aprendemos y crecemos con lo que sucede en nuestra vida, aunque sea un accidente. El discernimiento nos lleva a encontrar el para qué de los triunfos y de las dificultades y nos lleva a asumir el pasado con gratitud, apreciando la experiencia sacada y asumiendo lo mejor de lo vivido.

Con base en ello, caminamos con entusiasmo en el presente, proyectados a construir con esperanza nuestro futuro.

En cuanto a nuestra realidad personal, podemos encontrar el para qué, el sentido, de lo que somos y de como somos. Así, ante un espejo, o ante Jesús en el sagrario, o en un rato de reflexión personal, llegaremos a apreciar mejor nuestro rostro, nuestro cuerpo, la vida que tenemos, las capacidades, las habilidades, los conocimientos, nuestra personalidad. Comprenderemos el para qué de esos dones recibidos de Dios. Ellos son únicos, irrepetibles e irreemplazables en el plan de Dios. Los agradeceremos, los apreciaremos y los utilizaremos como instrumentos para relacionarnos con otras personas, para amar y para servir. Querremos ser más nosotros mismos.

De manera especial, el discernimiento nos lleva a reconocer los talentos recibidos. Son más talentos de los que vemos y son mejores de lo que nos imaginamos. Discernimos el para qué Dios nos ha dado esos talentos y asumimos la tarea de hacerlos producir más para nuestro crecimiento integral y para el bien de nuestros hermanos. Ese discernimiento nos lleva a prepararnos para dar cuenta de todos los talentos y de cómo los hemos trabajado (Cf. Mt. 25, 14 - 30).

Felicitaciones por lo que eres, por como eres, por lo que vives y por lo que sirves. Que alabes y des gracias a Jesús por todo ello.

Julio