SERVIDORES DEL CLERO

adulteraEl corazón del ministerio sacerdotal es vitalizado e impulsado siempre por la CARIDAD PASTORAL. Sin esa caridad, quedaríamos reducidos a simples funcionarios.

Existen aspectos de nuestra vida que pueden ayudarnos a descubrir cómo va nuestra caridad pastoral: no solamente por el servicio pastoral y misionero que realizamos en nuestras comunidades parroquiales, sino, Y MUY ESPECIALMENTE, por la fraternidad sacerdotal que tengamos con nuestros hermanos en el presbiterio.

Hay que tener cuidado porque en la parroquia hasta podemos servir a los feligreses buscándonos a nosotros mismos Mt 6,1 “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos”.

La caridad pastoral con que servimos a nuestros fieles en la parroquia debe manifestarse también y con mayor profusión con nuestros hermanos del presbiterio, preocupándonos por ellos, gozando con sus triunfos y sufriendo con sus penas, en definitiva, sintiéndonos llamados a caminar con ellos, apoyándolos en sus dificultades, experimentando que podemos ser de ayuda en su proceso vocacional… eso es Pastoral presbiteral.

1Jn 4,20-21 Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.

Qué bueno fuera que, en este tiempo de cuaresma, tiempo de conversión, recapacitemos en la necesidad que tenemos todos los sacerdotes de crecer en la pastoral sacerdotal, de convertirnos en servidores del clero, entendiendo en el clero, un servicio al que estamos llamados para con el obispo, los sacerdotes y nuestros hermanos diáconos.

La pastoral sacerdotal, como todas las pastorales, son responsabilidad de todos los miembros del presbiterio; pero entre todas, la pastoral presbiteral es la prioritaria, ya que sin un sacerdote sano, sabio, santo y buen pastor, de nada servirían las demás pastorales por muy buena estructuración que tuviesen y aunque contaran con los mejores recursos de los que se pudiera disponer.

Esto hace eco a lo que antaño sintetizara el cardenal Ives Congar: “EL SUJETO DE LA MISIÓN ES LA COMUNIDAD”. Necesitamos, por lo tanto, estar unidos, asistidos en todas nuestras necesidades integrales, para que guiados por el Espíritu Santo, continuemos con eficacia la misión que el Padre le encomendó a Jesucristo, y Éste a nosotros. Convirtámonos pues, como resultado de un buen proceso cuaresmal, en grandes servidores del clero.

Julio