A QUIÉN SEGUIR

siguemeA veces, uno va buscando dinero, placeres, puestos, poder, u otras cosas. A veces, uno orienta su vida a seguir a alguien que nos protege, o nos manda, o lo admiramos. A veces, con ello, nos seguimos es a nosotros mismos. Y rechazamos que se nos metan en nuestra vida y nos llamen a conversión, a cambiar. Pero esos pasos siguiendo a otros, o siguiéndome a mí mismo, nos van dejando cada vez más vacíos, más débiles y más lejos de Jesús. ¿Verdad?

Dios tiene su manera de acercarse y de tocar nuestro corazón. Es verdaderamente una gracia, que como sacerdotes sintamos nuevamente el “sígueme” de Jesús y reasumamos nuestra condición de discípulos, dejemos de seguir cosas y personas, para seguirlo plenamente a Él. Cuando eso sucede, damos pasos como Andrés y el discípulo amado, quienes cambiaron para seguir a Jesús. Iban detrás de Él y le preguntaron dónde vivía (Jn 1, 35ss). Buscarlo, seguir sus pasos, ir con Él, fue parte del seguimiento. La otra parte fue ir, ver y quedarse con Él, aquel día y toda la vida. Seguirlo es quedarse con Él a compartir su vida y la donación de su vida; sentir gozo en estar con Él (Cf. Mc 3, 13), permanecer en su amor (Cf. Jn 15, 9-10) y crecer con Él en una íntima comunión de vida y de amor. Aprendiendo su sabiduría e imitando su vida. Identificándose con Él, dejándolo obrar, hasta que se forme en nosotros (Cf. Gal 2, 20; 4, 19). Así, Jesús nos va haciendo sus discípulos para que hagamos discípulos (Cf. Mt 28, 19 – 20), discípulos misioneros que hacemos discípulos misioneros y comunidades misioneras (cf. Opción fundamental de Aparecida).

Él es el Buen Pastor, nosotros las ovejas. Él es el Maestro, nosotros los discípulos. Él es el Señor, nosotros sus siervos. Nos corresponde seguir su voz, como nuestro Pastor; escucharlo y vivir su Palabra de Maestro (Cf. Mt 7, 24); y dedicándonos a servirlo dando frutos con la vitalidad que Él mismo nos da (Cf. Jn 15, 8.16).

Dejemos que otros nos hagan sentir más profundamente el llamado de Jesús a “seguirlo” y, con valentía, hagamos resonar esa llamada de Jesús en el corazón de algunos que andan siguiéndose a sí mismos o siguiendo cosas y personas que los mantienen frustrados. Hagámoslo.

Julio