UN GRAN REGALO DE DIOS

regalodediosHay hermanos sencillos que buscan a los demás hermanos para compartir con ellos, se les ve siempre contentos y ayudando a los otros a progresar. Hay otros hermanos a quienes les cuesta mucho abrirse a recibir al hermano. Es la tentación contra la que todos luchamos: yo puedo, no necesito del otro; yo sé; yo hago, yo tengo …; o la tentación de buscar al hermano para aprovecharme de él y satisfacer mis propios intereses. En el camino de la espiritualidad de comunión, que estamos profundizando juntos, hoy somos invitados a hacer un paso que nos ayuda a resolver esas dificultades y a progresar efectivamente: recibir al hermano como regalo de Dios.

Con fe y con el amor de Dios en nuestro corazón, somos capaces de reconocer y de sentir que cada hermano es muy amado de Dios, ha recibido dones de Él, ha sido enviado a compartir lo que ha recibido, para ser luz del mundo y sal de la tierra (Cf. Mt 5, 12). No es dueño, sino administrador de los dones de Dios. Además, movidos por el amor de Dios, vamos a dejar que Jesús nos lave los pies, a través del hermano (Cf Jn 13, 8 – 9). Es cierto, recibimos a Jesús y sus dones a través de sus enviados (Mt 10,42). Recibo a mi hermano como enviado de Jesús, como el que me trae a Jesús y trae dones de Jesús para mí. Me abro a recibir, apreciar, aprovechar bien, el regalo de Dios en mi hermano. Cada hermano es un regalo de Dios, no de él, sino regalo de Dios para mí.

Hacer esto nos proporciona un progreso muy grande: reconozco y aprecio al hermano con todo lo positivo que tiene (carismas, valores, bienes, etc.). Abro espacio a mi hermano. Así supero la tentación de orgullo, autosuficiencia, encerramiento y egoísmo. Siento necesidad de lo que Dios me da a través de los hermanos y me abro con gratitud a recibirlo y a aprovecharlo. Recibo tres o cuatro veces más el don de Dios. Cada hermano es un gran “regalo de Dios” para mí.

Hagamos la experiencia mañana y cada día. Abrámonos a recibir el regalo de Dios en cada hermano, aunque ese hermano nos parezca ignorante o muy pecador. Busquemos el regalo de Dios, sobre todo, en los hermanos de nuestra familia presbiterio. Saldremos ganando todos. ¿Verdad? ¡Hagámoslo!

Julio