UNA VISITA ESPERADA

Jesus Resucitado abrazando¿Te visitan mucho los sacerdotes? Hay algunos que son muy visitados, otros menos. Depende de que tengamos la puerta y el corazón abiertos, listos a recibir con alegría y gratitud la visita, desprevenidos, dispuestos a compartir como hermanos y amigos. Y depende de que los otros quieran venir a compartirnos algo, o venir a que les compartamos algo. Que nos visiten depende, también, de qué tanto visitemos a los demás. Depende de que compartamos de lo mejor de nosotros mismos y de que lo hagamos desinteresadamente, con alegría y fraternalmente. ¿Verdad?

Jesús sabía que le iba a costar muchas críticas, sin embargo, le dijo al pecador Zaqueo (Cf. Lc. 19, 2-10): Hoy quiero entrar y quedarme en tu casa. Quería hacerle sentir su amor misericordioso y darle la oportunidad de rehacer su vida. Quería escucharlo y apoyarlo. Es la visita que Jesús espera y por lo que nos anuncia el juicio que nos hará, ahora y al final, cuando nos diga: estuve enfermo, o triste, o en soledad, o necesitado, en la persona de tus hermanos sacerdotes … y me visitaste (Cf. Mt 25, 35-40). Lo hiciste como buen hermano, compartiste tiempo y bienes conmigo, ayudando al sacerdote.

Para visitar a Jesús en el hermano y para compartir fraternalmente, vale la pena que visitemos más y mejor al obispo y a los hermanos sacerdotes. Visitar siempre con palabras y actitudes que edifiquen, evitando hablar mal a espaldas de los hermanos. Siempre compartiendo con caridad, sencillez y alegría. Solo Dios sabe cuánto bien hacemos y cuánto recibimos con las buenas visitas.

¿A quiénes vamos a visitar en estos días? En ellos nos encontraremos con Jesús y Él nos bendecirá grandemente. Hagámoslo.

Julio