PARA NOSOTROS HOY

encuentrofraternoEl Papa Francisco explica las especiales manifestaciones que ha de tener nuestra santidad en el mundo actual:

  1. La firmeza interior (ver Gaudete et Exsultate,112 – 121), que analizamos en nuestro boletín anterior.
  2. El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor (Ver GE, 122 – 128). Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado. La consecuencia de la caridad sea el gozo»[…] esa alegría que se vive en comunión, que se comparte y se reparte, porque «hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35) y «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7).
  3. Con Audacia y fervor (Ver GE, 129 – 139). La santidad es parresía: es audacia, coraje, empuje evangelizador, entusiasmo, hablar con libertad, fervor apostólico, libertad de una existencia que está abierta, porque se encuentra disponible para Dios y para los demás (cf. Hch 4,29; 9,28; 28,31; 2 Co 3,12; Ef 3,12; Hb 3,6; 10,19). La parresía es sello del Espíritu, testimonio de la autenticidad del anuncio. Es feliz seguridad que nos lleva a gloriarnos del Evangelio que anunciamos, es confianza inquebrantable en la fidelidad del Testigo fiel, que nos da la seguridad de que nada «podrá separarnos del amor de Dios» (Rm 8,39).
  4. En comunidad (Ver GE, 140 – 146). La santificación es un camino comunitario, de dos en dos […] La comunidad está llamada a crear ese «espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado». Compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía nos hace más hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera […] La comunidad que preserva los pequeños detalles del amor, donde los miembros se cuidan unos a otros y constituyen un espacio abierto y evangelizador, es lugar de la presencia del Resucitado que la va santificando según el proyecto del Padre […] Nuestro camino de santificación no puede dejar de identificarnos con aquel deseo de Jesús: «Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti» (Jn 17,21).
  5. En oración constante (Ver GE, 147 – 157). La santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración… Para que esto sea posible, también son necesarios algunos momentos solo para Dios, en soledad con él […] En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone. [En ese espacio] hacemos la contemplación del rostro de Jesús muerto y resucitado, la súplica, la adoración, la lectura orante de la Palabra de Dios, que nos permite detenernos a escuchar al Maestro para que sea lámpara para nuestros pasos, luz en nuestro camino (cf. Sal 119,105).

 

Ayudémonos, hoy, mañana y cada día, a ser santos fieles, valientes, alegres, en comunidad, unidos a Dios.

Julio