PARA NUESTRA MISIÓN

Jesus en la BarcaCon la reciente Ratio Fundamentalis, llegamos a un punto deseado por todos. En medio de los debates sobre si necesitamos pastores maduros, o santos, o sabios, o eficaces pastores, la Iglesia se decide a des-academizar el proceso formativo, para que sea más integral y armónico. La Iglesia se pone más en el camino de formar pastores según el corazón de Dios. Para lograrlo, asume el proceso misionero como parte esencial en la formación inicial y permanente de los presbíteros.

Son muy significativas las orientaciones de la Ratio en este campo: “Dado que el discípulo sacerdote proviene de la comunidad cristiana y a ella regresa, para servirla y guiarla en calidad de pastor, la formación se caracteriza naturalmente por el sentido misionero, pues tiene como finalidad la participación en la única misión confiada por Cristo a su Iglesia: la evangelización en todas sus formas (RF, Introducción, n.3) […] La misión se revela como otro hilo conductor (cfr. Mc 3, 13-14), que une las dimensiones ya mencionadas, las anima y vivifica, y permite al sacerdote, formado humana, espiritual, intelectual y pastoralmente, vivir el propio ministerio en plenitud, en cuanto que «está llamado a tener espíritu misionero, es decir, un espíritu verdaderamente “católico”, que partiendo de Cristo se dirige a todos para que “se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tm 2, 4-6) (RF, n. 91).

Todo esto tiene aplicaciones muy importantes para nuestra vida y ministerio. Continuemos con entusiasmo nuestra formación para la misión local y universal. Fortalezcamos la comunión fraterna para darnos apoyo en la realización de esa misión. Realicemos con caridad pastoral esa misión para lograr santificarnos mediante ella y para tener mejores frutos pastorales (Cf PO, 13). Compartamos con otros hermanos nuevos pasos de formación misionera y de servicio pastoral.

Julio