UN NUEVO PASO, CADA DÍA

abrazoTodos sentimos la necesidad de compartir fraternalmente y, al mismo tiempo, padecemos la tentación de vivir con el individualismo que caracteriza la cultura actual. A todos nos cuesta salir de nosotros mismos, de nuestra casa, de nuestros intereses y proyectos. Pero, tenemos esperanza de tener más amigos y de vivir en un ambiente cálido de verdadera fraternidad.

Gracias a Dios, llega un tiempo en la Iglesia en el cual, desde la familia y el seminario se organizan la formación y la vida en función de esa vivencia comunitaria, como la de los Apóstoles con Jesús.

La llamada de la Iglesia a los seminarios y a nosotros sacerdotes es a seguirnos formando y a vivir progresivamente la comunión fraterna. Nos dice: “Esta formación tiene un carácter eminentemente comunitario desde su mismo origen. La vocación al presbiterado, de hecho, es un don de Dios a la Iglesia y al mundo, es una vía para santificarse y santificar a los demás, que no se recorre de manera individual, sino teniendo siempre como referencia una porción concreta del Pueblo de Dios. Tal vocación es descubierta y acogida en el seno de una comunidad, se forma en el Seminario, en el contexto de una comunidad educativa que incluye a los diversos componentes del Pueblo de Dios, para que el seminarista, mediante la ordenación, llegue a formar parte de la “familia” del presbiterio, al servicio de una comunidad concreta (RF, Introducción, n.3).

Somos hermanos y, además, ministros de comunión. Hoy podemos dar un nuevo paso para vivir esa comunión fraterna con nuestro Obispo y con los demás hermanos presbíteros, con los Diáconos y con los demás hermanos de la comunidad. ¡Hagámoslo!

Julio