PARA BIEN DE TODOS

parabienDa gusto ver que cada año hacen juntos su paseo, su retiro espiritual y otras actividades que los unen  y los ayudan en su ministerio. Y, sobre todo, es admirable cómo van mejorando sus reuniones para que los presbíteros se sientan mejor acogidos y valorados, se animen espiritualmente y haya siempre un alimento formativo. Eso sucede en muchos arciprestazgos, o vicarías foráneas.

En nuestras diócesis nos unimos fraternal y pastoralmente en los arciprestazgos, o Vicarías, o decanatos (Ver CIC 374,2). Ellos son unidades pastorales que han de facilitarnos la comunión y la colaboración pastoral. Por ello, en muchas diócesis, ellos están siendo, el espacio providencial para la ayuda fraterna entre los presbíteros. Son un espacio privilegiado para ayudarnos a crecer humana, espiritual, intelectual y pastoralmente.

Es muy importante ayudar a nuestro arciprestazgo a asumir su misión de trabajar por sus presbíteros, acompañando y ayudando a cada uno, según su edad y situaciones. Allí podemos unirnos a profundizar, complementar y aplicar lo que se recibe del presbiterio diocesano. Con los demás presbíteros, podemos ayudar a mejorar las reuniones y demás actividades para que respondan a las necesidades del arciprestazgo y de los presbíteros.

En el arciprestazgo, cada uno está llamado a dar y a recibir. Pero es, sobre todo, el arcipreste o vicario foráneo, el que tiene encomendados cinco servicios a la vida y ministerio de sus hermanos presbíteros (Ver canon 555). El arcipreste es nuestro hermano y gran servidor. Para cumplirlo, en la práctica, se hace ayudar de algún otro presbítero, propuesto por el arciprestazgo y nombrado por el obispo para que, con en unión con el arcipreste, sea animador de la pastoral presbiteral en el arciprestazgo.

Que todo esto y mucho más, lo hagamos en nuestro arciprestazgo para bien de nuestros hermanos presbíteros y de todas las comunidades parroquiales. ¡Hagámoslo!

Julio