PODEMOS APOYARNOS

Por ahí vamos, o por ahí ya pasamos. El joven sacerdote se siente fuerte para todo, ha aprendido mucho para su ministerio, sigue organizando su vida, tiene más amigos, asume responsabilidades más grandes, se le abren nuevos espacios para su ministerio. Es la edad para dar pasos importantes en la propia vida. Es la edad para la madurez.

Es, también, la edad en la que algunos dejan el estudio y la oración y cultivan otros intereses personales; o se desaniman ante los pocos frutos en su ministerio; o se les entra la rutina a causa de su activismo, y sufren un debilitamiento en sus motivaciones vocacionales; o sienten la soledad, aún en medio de mucha gente. Es la edad en la que se necesita atender, a tiempo, estas necesidades que se presentan.

Por ello, conviene salir de nuestro pequeño mundo a compartir más y mejor con los hermanos del presbiterio. Salir a compartir en los encuentros sacerdotales por edades, ir a compartir con los compañeros y amigos. Salir a compartir vivencias y experiencias y a recibir apoyos para crecer en todos los aspectos. En la juventud, necesitamos reavivar nuestra caridad pastoral, fortalecer nuestras motivaciones vocacionales, conseguir apoyos permanentes para nuestra renovación integral y continua.  

Para eso es una “pequeña comunidad sacerdotal de vida y ayuda”. En ella nos unimos compañeros y amigos sacerdotes, que estemos interesados en dar pasos juntos para progresar, que queramos apoyarnos en nuestra vida y ministerio. En ella podemos compartir con espontaneidad, libertad y fraternidad. Como en una familia, en la que somos diferentes, pero unidos de manera permanente, compartimos de corazón.

Ahí cerca tienes otros sacerdotes jóvenes. Que esta semana vayas, con Jesús, a compartir con algunos de ellos. Será una bendición para ti y para ellos. Será muy útil para apreciar los valores de cada y para que todos seamos mejores hermanos en el presbiterio. Propongámosles participar en una pequeña comunidad sacerdotal de vida y ayuda. ¡Hagámoslo!

 

Julio