UNA VISITA NECESARIA

personalmenteComentando sobre la última reunión de clero, preguntamos por uno de los hermanos sacerdotes que no asistió. Ése no participa en nada, dijo uno. No le interesa lo que tratamos, o no se sienten bien con algunos de los sacerdotes que participamos, dijo otro. También faltaron otros, que piensan y sienten lo mismo y que no vienen sino algunas veces, agregó otro. También, analizamos que de los que participamos, unos están y no están, son pasivos en la reunión y esperan el momento de irse. Otros sentimos gusto en ella, tratamos de aprovechar lo que se nos ofrece y aportamos lo mejor que podemos.

Queda uno interrogado sobre cuáles sean los reales motivos que algunos hermanos sacerdotes  tengan para marginarse de las actividades del clero y por cuáles dificultades esté pasando cada uno. Por otra parte, queda el interrogante de qué sentimos nosotros ante su ausencia, qué sentimos ante su persona, cuánto les compartimos de lo que recibimos en nuestras reuniones.

Uno nos compartió su experiencia: Yo también era así, pero cambié por una buena visita que me hicieron unos amigos sacerdotes. Los recibí y, compartiendo un café en mi casa, sentí que yo valía para ellos y que ellos valoraban mi vida y mi ministerio. Con humildad, tuve que reconocer que me interesaba lo que ellos me compartieron de la reunión. Quedamos más amigos y yo más dispuesto a seguir compartiendo con ellos. Al final de la visita, uno de ellos me ofreció venir a recogerme para ir a la próxima reunión de clero, o si todavía no quería regresar a esas reuniones, a hacerme otra visita para compartirme sobre lo tratado, Después de la segunda, visita, quise ir para encontrarme con mis hermanos. Abrí mi puerta, mi vida y mi corazón a compartir mejor con ellos. Le agradecimos el testimonio. Ahora él es el que nos anima a hacer esa primera y segunda visita a los hermanos que sienten dificultad para participar en reuniones, o para trabajar más unidos con los otros sacerdotes, o que les está costando mucho reconciliarse con otro hermano, o que están cansados o desanimados en su ministerio pastoral.

Que con respeto y fraternidad, los ayudemos a compartir fraternalmente. Hagámoslo esta semana con alguno de esos hermanos. ¿Cuántas veces? Setenta veces siete. Gracias, en nombre de dios y de ellos.

Julio