fraternidadLa Ratio Fundamentalis (2016) propone varias modalidades de compartir fraterno, que se inician en el Seminario, para ser continuadas en la formación permanente (RF, n. 87, 88):

a. Encuentro fraterno: para orar, acaso leyendo comunitariamente la Palabra de Dios, en alguna forma de Lectio Divina, profundizar algún tema teológico o pastoral, compartir los deberes del ministerio, ayudarse o simplemente pasar el tiempo juntos… En todo caso, es muy recomendable promoverlos.

b. Dirección espiritual y confesión: La regularidad en este tipo de encuentros facilita que se mantenga viva la «tensión de los sacerdotes hacia la perfección espiritual de la cual depende, sobre todo, la eficacia de su ministerio». 

c. Ejercicios espirituales: organizados comunitariamente favorecen entre los presbíteros una participación más amplia y refuerzan la comunión fraterna. Conducen al encuentro personal con el Señor en el silencio y el recogimiento, constituyen un tiempo privilegiado de discernimiento personal y apostólico, útil para una revisión progresiva y profunda de la vida.

d. Mesa común: compartiendo los alimentos, los presbíteros aprenden a conocerse, escucharse y apreciarse entre sí, gozando también de la oportunidad de un provechoso y amistoso intercambio.

e. Vida común: El hecho de vivir juntos se convierte en verdadera “vida común” mediante la oración comunitaria, la meditación de la Palabra de Dios y otras ocasiones para la formación permanente; además, la vida común facilita un intercambio y una confrontación en torno a los respectivos deberes pastorales.  La vida común ayuda también a sostener el equilibrio afectivo y espiritual de quienes participan en ella y promueve la comunión con el Obispo. 

f. Asociaciones sacerdotales: tienden fundamentalmente a favorecer la unidad de los presbíteros entre sí, con el resto del presbiterio y con el Obispo. 

 

¡Cuáles de estas modalidades aprovechas más? Ojalá, las practiquemos todas para vivir nuestra íntima fraternidad sacerdotal (Cf. PO, 8), como los Apóstoles con Jesús. En un próximo encuentro con sacerdotes, ojalá, les proporciones este texto y lo reflexionen entre todos.

Julio