consagracionPara muchos hermanos sacerdotes, celebrar la Eucaristía y el Bautismo, presenciar matrimonios, no es difícil y es agradable. Confesar e ir a ungir enfermos, es más difícil y se realizan menos, tal vez, porque exigen especial experiencia de Dios y caridad pastoral. A muchos, sin embargo, el estar a las carreras, de un lado para otro, y la rutina por un demasiado sacramentalismo y por celebrar de cualquier manera, nos agobia ¿Verdad?

Lo mejor es que todos podemos renovarnos y lograr que los sacramentos les sirvan más a los fieles y nos sirvan más a nosotros mismos. La Iglesia en su experiencia nos indica que hay que hacer pasos de discipulado con cada sacramento. Sobre todo, con la Eucaristía que celebramos cada día. Desde nuestra ordenación sacerdotal, nos muestra que con la Eucaristía hay que “imitar lo que conmemoramos”.

Ello nos pide dar varios pasos de discipulado:

  1. “Prepararnos” bien para celebrarla: unirnos a Jesús, tomar conciencia de lo que vamos a celebrar y a recibir, llenarnos de caridad pastoral e ir en nombre del Señor y con su poder a realizar la celebración.
  2. Lo anterior nos lleva siempre a “preparar” bien cada Eucaristía: el lugar, los elementos litúrgicos, los servidores, la asamblea, los textos, etc. Y, sobre todo, preparar bien la homilía.
  3. Con esas disposiciones, pasamos a “celebrar” bien la Eucaristía: nos encontramos con el Señor, lo representamos, participamos en su sacrificio, lo recibimos en la comunión, fortalecemos nuestra fraternidad con los fieles y asumimos el envío que nos hace a la misión.
  4. De esa forma, con toda seguridad, llegamos a sacar más provecho de cada Eucaristía y le ayudaremos a los hermanos participantes a aprovechar mejor lo que Dios les ofrece en ella.

Son pasos de discipulado para cada Eucaristía. Claro que exigen tiempo y corazón. Pero valen la pena: con estos pasos de discipulado, resultaremos recibiendo mejor lo que Dios nos ofrece en la Eucaristía, viviéndola mejor, compartiéndola con nuestra comunidad, proyectándola a nuestra vida personal y acompañando a que se vida en la vida ordinaria de la comunidad. Démos esos pasos para la Eucaristía de mañana y de cada día.

Julio