TAMBIÉN A ELLOS

 

Pensemos en al grupo de los que tienen entre 6 y 20 años de ordenación sacerdotal. ¿Hay muchos de ellos en su presbiterio diocesano?   Son los hermanos que han ido adquiriendo bastante experiencia y el gran mérito de darse por completo por el crecimiento del Reino de Dios en el trabajo cotidiano. Este grupo de sacerdotes constituye un gran recurso espiritual y pastoral para la Diócesis (DMVP2, 112). 
Para ellos, esta etapa puede ser la etapa de la madurez humana, espiritual y pastoral. También, es la etapa en que se presentan tentaciones de acomodamiento, aburguesamiento, mediocridad, apego a dinero y a personas, búsqueda de compensaciones, adicciones.  A veces, se les presentan situaciones de aislamiento, individualismo, rivalidad, autoritarismo, ambiciones de puestos, dificultad con superiores. Es la etapa cercana a la mitad de la vida. 
Tú y yo, podemos compartir más con ellos y aportarles mucho de lo que necesitan: reconocimiento a sus valores personales y a sus logros pastorales; acompañamiento y ayuda en su proceso de maduración integral; apoyo para superar el estancamiento intelectual, la rutina pastoral, el conformismo y para superar eventuales sentimientos de cansancio, de frustración, de soledad. Podemos compartir con ellos en una pequeña comunidad de amigos sacerdotes, en la que revisemos nuestra vida y ministerio, renovemos nuestras motivaciones sacerdotales y reforcemos la vivencia de nuestra espiritualidad presbiteral propia (Cf. PDV, 76; Cf. DMVP2, 112). Ayudemos a promover encuentros periódicos para que estos presbíteros compartan experiencias y disciernan caminos y medios para superar dificultades psicológicas, afectivas y materiales, que se les presentan. Apoyémoslos para que participen en el Mes de renovación sacerdotal, al menos cada diez años. Ayudémosles a discernir y asumir, en su proyecto personal de vida (PPV), los elementos necesarios para la propia maduración humana, espiritual, intelectual y pastoral. Compartamos con ellos la alegría de lograr una progresiva unidad y armonía entre la vida interior y la acción ministerial (Cf PO, 14), el gozo de vivir y servir con una caridad pastoral cada vez más comprometida. Compartamos con algunos de ellos esta reflexión y estos pasos. ¡Hagámoslo!

Julio